dijous, 5 d’agost de 2010

Churchill y los platillos volantes



Según informa hoy el Diario Levante Winston Churchill ordenó mantener ocultas las visiones de ovnis . Roland Barthes (Mitologías) tiene una teoría sobre este tema: el misterio de los platos voladores era terrestre y se suponía que venía de lo desconocido soviético, de ese mundo con intenciones tan poco claras como otro planeta; esta forma de mito contenía en germen un desarrollo planetario, convirtiéndose en artefacto marciano, porque, según él, la mitología occidental atribuía al mundo comunista la alteralidad de un planeta. La URSS era un mundo intermedio entre la Tierra y Marte.

El mito pasa del terreno del combate al del juicio. El platillo volante, redondo, sin costuras simboliza un mundo unido, uniforme, mientras la Tierra se muestra discontinua, con sentimiento de culpa, dividida en dos mitades. La amenaza extra-terrestre debe unir a los hombres. Pero lo más significativo es que Marte aparece dotado de un determinismo histórico calcado del de la Tierra, y el único avance lo constituye el vehículo, y para que se lance con él a nuevos descubrimientos ha debido tener una evolución similar a la nuestra, con geógrafos como los nuestros, las mismas guerras, los mismos sabios y la misma religión. En caso contrario no habrían podido civilizarse hasta el punto de tener el plato interplanetario.

Esta psicosis está fundada sobre el mito de lo idéntico, es decir del doble.Pero aquí, el doble es juez, y el enfrentamiento Este/Oeste pasa a ser un conflicto maniqueo, que se produce bajo la mirada de una supernaturaleza a nivel del cielo, donde está el Terror; es el campo donde aparece la muerte atómica. El juez nace en el mismo lugar donde el verdugo le amenaza.

Este juez, o supervisor, es una proyección terrestre, ya que toda pequeña burguesía es incapaz de imaginar al otro; la alteralidad es el concepto más antipático para el 'sentido común'. Todo mito tiende a un antropomorfismo de clase: Marte no es sólo la Tierra, la Tierra pequeñoburguesa, el cantoncito de pensamiento cultivado por la gran prensa ilustrada. Apenas formado el cielo, Marte queda, de esta manera, alienado por la identidad, la más fuerte de las apropiaciones.

Si hacemos caso a Roland Barthes, ¿Qué vieron los servicios secretos británicos ? o ¿Qué inventaron para calmar a los terrícolas ?





Vemos que se confirman estas teorías en películas como Encuentros en la Tercera Fase, de Steven Spielberg, película hecha en 1977, en plena guerra fría. Tiene mucho sentido el mito de que habla Roland Barthes, que corresponde a mundos sin ninguna comunicación, que sólo podían ser juzgados y arbitrados por una tercera fuerza más poderosa y avanzada.




La fononimia kodaly es un sistema de educación musical, otra prueba más de que los 'marcianos'están concebidos a nuestra imagen y semejanza. ¿No suena a tomadura de pelo la noticia de hoy? Frente a ello parece que los cineastas, y en especial Spielberg, conocían muy bien a Roland Barthes y sus teorías.

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