dilluns, 26 de juliol de 2010

Verhoeven II. Starship Troopers

Esta película demuestra más que ninguna otra que con el registro irónico y el género de ciencia-ficción se pueden emitir mensajes que resultarían extremadamente duros en un cine de autor. Es un film que desafía y ridiculiza a los poderes fácticos de la sociedad y a las clases que les dan soporte con el apoyo del aparato ideológico del estado, como diría Althuser: el ejército y la prensa. Niños megapijos, que con imagen muy nítida y mejor iluminada y tratada, nos presenta el autor en primerísimos planos (para que veamos lo guapos que son ), que van a colegios de élite, donde profesores filonazis les enseñan el valor del guerrero, su virtus, y la ventaja de ser un ciudadano de la República de Platón, con derecho a voto y a tener hijos, a diferencia de los civiles que carecen de estos privilegios.

Animados por este espíritu y por la megalomanía de enfundarse en un traje militar, se enrolan en el ejército para ir a luchar contra unos insectos enormes, que tiran meteoritos y disponen de armas más mortíferas de lo previsto. Tres amigos, que representan tres índices de coeficiente intelectual ( los niveles más bajos los dan l@s más guap@s) serán destinados, de acuerdo con su capacidad a unidades móviles de infantería, aviación y servicio de inteligencia (el cerebro, el corazón y el brazo o la fuerza). Barbie y su novio Ken van a la guerra; los padres de él, que viven en una casa de diseño, al estilo Wright, integrada a través de sus cristaleras con un hermoso paisaje, que ubica curiosamente en Buenos Aires, se oponen a los deseos del hijo, que consideran un capricho; pero como ocurre siempre, el medio en que se desenvuelve el joven, sus relaciones de amistad o de atracción amorosa o sexual, acaban imponiéndose.

A su llegada al destino de la contienda comienza ya, desde el principio, una orgía de violencia y despropósito, con oficiales cada vez más uniformados al estilo nazi y con prácticas despiadadas de entrenamiento. A lo largo de gran parte del metraje veremos cómo los bellos cuerpos se van primero deteriorando y luego desmembrando, y el número de jóvenes troceados es casi imposible de contemplar. Todos los bichos, que ocupan los pequeños planetas que ha habitado el hombre, tienen una especie de monstruo pensante, su servicio de inteligencia, una masa con múltiples ojos, que saca de su boca una forma fálica, que se desdobla en un pincho que se mete en la cabeza de los soldados y extrae su cerebro para analizar sus pensamientos. Cada cual puede extraer sus consecuencias.

Al final, en una escena muy cómica, como si de una fiera de la selva se tratara, cogen a esa masa en una red y la traen a la tierra para estudiarla. Los medios de comunicación, que ya han actuado vampíricamente antes, durante y después de la guerra, intentan sacar el máximo provecho económico de la bestia. El profesor que ha exaltado a sus jóvenes alumnos y luego aparece como oficial en uno de los planetas, muere presa de sus delirios. Escuela y Televisión contribuyen poderosamente a sostener unos ideales que conducen a una guerra que al final, destruida la patria, destruida la flota espacial, muertos los padres, los amigos y hasta el apuntador , no tiene ningún sentido. Un gobierno mundial, que rige los destinos de toda la humanidad tiene como objetivo combatir los peligros que se ciernen sobre ella.

Una de las secuencias que más escandalizó al público norteamericano, que no le gusta ver escenas escabrosas en la pantalla, es la de los jóvenes, mujeres y hombres-soldado duchándose juntos y manteniendo una tranquila conversación, todos ellos desnudos. A mi me parece mucho más escandaloso lo que denuncia: la formación de adolescentes bellos, con cuerpos bien formados, con un cerebro que sólo contiene sexo y drogas, que son enviados después a guerras sanguinarias, de las que vuelven, bien en ataudes, bien con cuerpos mutilados. Auténticas imágenes escandalosas que se omiten a la opinión pública. Jon Sistiaga hizo un programa sobre la Guerra de Irak en el que por primera vez se podía ver cómo mataban a soldados norteamericanos y no, al revés, como es lo habitual en todas las televisiones. Por esto Verhoeven los hizo argentinos, aunque sus rostros desmentían esta hipótesis, pues todos eran norteamericanos, blancos o negros, de los que vemos en películas para adolescentes.












Propuestas didácticas:

Mira atentamente este tipo de joven y reflexiona hasta qué punto es tu modelo físico y de comportamiento.

Analiza sus avatares.

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