diumenge, 24 d’octubre de 2010

Vladimir Menshov.Moscú no cree en las lágrimas.


Encontrarse con Vladimir Menshov y su película Moscú no cree en las lágrimas es una sorpresa mayúscula y un viaje al pasado en el tiempo, que te permite ver cómo el mundo comenzó su carrera hacia el desarrollismo, que cincuenta años después nos ha llevado a la situación en la que estamos.

Su acercamiento a los trabajadores, sus inquietudes, sentimientos, aspiraciones, poco usual en el cine le valió un Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1980.

A través de tres mujeres, Antonina, Liudmila y Katerina, podemos analizar como era la sociedad soviética entre 1958 y 1978. Dos cosas sorprenden de entrada: su indumentaria y modo de vida no era muy diferente al de nuestro país en esa misma época; los prejuicios sociales se mantenían como un edificio indestructible. Como en España, los que procedían de los pueblos eran considerados inferiores, y esto lo sabemos por el empeño de las chicas de ocultar esta circunstancia. Había gente más rica y más modesta y una diferencia entre vivir en una residencia de obreras o en la Plaza de la Revolución, pero las instituciones sociales, creadas al efecto, atenuaban bastante la pobreza, y los servicios públicos eran espectacularmente lujosos, como la Biblioteca de Moscú. Las jóvenes soñaban con 'ligar' con doctores, filósofos, escritores...y un deportista de élite ganaba lo mismo que un obrero.

Los trabajadores aspiraban a comprarse televisores, frigoríficos y otros electrodomésticos; los niños llevaban una pañoleta al cuelo, como los boys scouts, y algunos tenían dachas, que eran pequeñas casas en el campo, donde acudían los fines de semana y practicaban su barbecho industrial. La televisión era una atalaya desde la que se hacía el seguimiento de la guerra fría, y donde los cómicos se mostraban satisfechos por la superioridad de los rusos en la carrera espacial, que tanto alimentó la imaginación de los niños de la época (Good Bye Lenin).

Una de las amigas, Liudmila, más soñadora y dispuesta a ascender la escala social a cualquier precio, aprovechando que un tío de Erika, Profesor de Universidad, que vive en un lujoso piso de la Plaza de la Revolución, empieza sus vacaciones y deja a su sobrina a cargo de la vivienda y el perro, planea que ambas se hagan pasar por sus hijas e intenten alternar con hombres importantes, que como ya hemos dicho, en esa sociedad eran ingenieros, cámaras de televisión, deportistas de élite...A Antonina y Ludmila les salen las cosas bien, pero Erika es abandonada,después de ser embarazada y despreciada por la madre del hombre.

Su situación pasa a ser muy precaria emocionalmente: madre-soltera, obrera y aspirante a ingresar en una escuela de ingenieros; trabaja de día, llora de noche. El film se divide en dos partes, la segunda empieza tras una elipsis temporal de veinte años,en los que Erika no sólo ha hecho su carrera universitaria sino que ha llegado a ser directora de una fábrica, cuyo despacho preside la fotografía de Lenin. Vive en un piso cómodo y bien amueblado con su hija, que escucha música norteamericana y lleva siempre puestos sus auriculares, como cualquier joven occidental. Ella sigue estando sola.

Cuando encuentra al hombre de su vida, se topa de frente con la sociedad patriarcal, con hombres que no aceptan que las mujeres ganen más que ellos y que, dando todo el amor de que son capaces, pretenden dirigir el hogar y ser la voz dominante en su seno. A ello se une el valor que esta sociedad daba a la creación, la amistad y la felicidad que proporciona un simple vaso de gaseosa, aunque también sufren la lacra del alcoholismo.

Pero viendo este film podemos comprobar lo que se ha perdido y lo que se ha ganado con el cambio de sistema y la evolución al capitalismo: las mujeres rusas gozaban de un estatus de igualdad en el trabajo y competían en las mismas condiciones que los hombres por la promoción profesional, y ellos respetaban sus decisiones; ciertas ' bromitas ' que se dan, incluso hoy, en nuestra sociedad serían impensables. El estatus conseguido mediante el esfuerzo intelectual era el predominante y el que daba acceso a un mayor bienestar. Las mujeres, en un país que había cinco de ellas por cada hombre, buscaban pareja en bibliotecas y salas de exposiciones.

Han avanzado en bienestar económico (unos mucho más que otros. Aconsejamos ver el programa Mujeres ricas de la Sexta), pero han perdido apoyo social, especialmente las mujeres, que disponían de esas residencias con ciertas comodidades y de la fraternidad de las compañeras y encargadas de estos establecimientos. Muchos disfrutaban de sus humildes dachas, donde los amigos se reunían en torno a las mesas cubiertas de guisos elaborados entre hombres y mujeres de forma relajada y amigable.

Pocas veces la cámara se ha acercado con tanto cariño a los hombres anónimos de las diferentes sociedades y nos han mostrado sus temores, sus pequeñas ambiciones, sus sentimientos...Es un film francamente relajante, uno de los relatos más optimistas y esperanzadores del cine soviético y mundial. Su maestría al plasmar la inmediatez y la humanidad de los protagonistas y el resto de personajes que se mueven en la película, no sólo le reportó premios y reconocimientos sino una identificación por parte de espectadores de todo el mundo que convirtieron la película en un éxito sin precedentes.


Propuesta de reflexión:

¿Te gustaría este modelo de sociedad ? ¿Encuentras aburrido que los hombres más deseados sean los intelectuales, y que en vez de buscar ambiente en las discotecas lo debieras hacer en museos y bibliotecas?



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Gràcies per deixar-nos el teu comentari.