diumenge, 31 d’octubre de 2010

John Carpenter y la violencia de género. Halloween.


El cine de terror, en el que no existen límites para la imaginación y todo se hace posible, es un marco muy adecuado para poder mostrar en la pantalla los monstruos que genera la mente humana, ya sea por la educación, por las condiciones sociales y materiales, por los maltratos recibidos o por la soberbia y prepotencia de hombres que se consideran superiores.

Esta es la noche en la que la cristiandad rinde culto a sus muertos; la fiesta adopta formas diferentes: las personas de más edad acuden a los cementerios y llevan flores a sus antepasados, basándose en la antigua creencia romana de que disfrutaban con ello; si se sienten abandonados se convierten en larvas, lemures, espectros o fantasmas, que pueden provocar trastornos serios a los vivos. Los jóvenes se divierten celebrando la Fiesta de Halloween, disfrazándose de monstruos para asustar a los espíritus en los que no creen, lo que las gentes más conservadoras consideran una falta de respeto. Pero las cosas son así y no se puede luchar contra el mercado para unas cosas y aceptarlo para otras; los centros comerciales viven de eso y 'generan puestos de trabajo' con estos eventos. Es su discurso.

Puestos elegir nos inclinamos por un clásico: John Carpenter, y la obra que inicia el género Slasher. Halloween recrea el clima de tranquilidad e ignorancia en la que vive un tranquilo pueblo de 'lelos' , de Illinois, un núcleo de clase media, que,confiada en la bondad de sus vecinos, gente honorable, no ven, o no quieren ver, la liberalidad con la que actúan sus hijas adolescentes que practican el sexo con sus amigos en cuanto sus padres salen por la puerta. Esta hipócrita sociedad tiene unos agentes absolutamente ineficaces, tanto que a uno de ellos le matan a la hija mientras el pone en duda que en tan selecto núcleo pueda producirse ningún hecho criminal.

Pero lo más inquietante del film de Carpenter es qué puede pasar por la mente de un niño de seis años, qué tipo de educación ha recibido para asesinar a su hermana,cuando la ve hacer el amor con su novio; tras la comisión de este horrible delito es internado en un psiquiátrico, donde se convierte en un auténtico demente, que no tienen conciencia del Bien y el Mal (a que son tan aficionados los americanos de clase media, y que tanto airean sus políticos, especialmente los republicanos, cuando quieren conseguir su voto); algunos años después se escapa del lpsiquiátrico y vuelve a la casa, abandonada por los padres tras los hechos sangrientos , y remata la faena de acabar con tanta joven libertina y pecadora. Incluso la que parece más formal, estudiosa y canguro en su tiempo libre, acaba siendo víctima de sus delirios.

Carpenter se queda con nosotros de dos maneras: los espectadores nos convertimos en los criminales, pues la cámara sustituye la mirada del asesino y con ella merodeamos por los alrededores de las casas aisladas y las calles solitarias, entramos en las casas, subimos las escaleras y observamos a las víctimas. Para ello usa abundantes planos subjetivos,travellings laterales, planos largos, panorámicos, con los que va generando una inquietud en el que observa. Por otro lado nos deja un interrogante: ¿Es Michael Myers un ser sobrenatural? Cada cual que saque sus consecuencias en la noche de Halloween.

Debemos extraer alguna consecuencia: quien siembra vientos desata tempestades. Tanto demonizar, delante incluso de niños con su personalidad en formación, a las mujeres se generan monstruos que padece toda la sociedad. Es la violencia estructural y cultural de que habla Galtung, y de la que son responsables no sólo los que ejecutan actos directos contra las mujeres, sino los que los apoyan e incitan. No se pueden minimizar los abusos de menores, de mujeres, o de cualquier ser desempoderado.


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