diumenge, 3 d’octubre de 2010

Mañana podré decir que ayer pasé la tarde con Woody Allen

En un día en que parece que los astros se han conjuntado contra Woody Allen te sienta como una combinación de hierbas tranquilizantes e inductoras de bienestar. No sé qué tipo de talento tiene este hombre para conseguir que te relajes poniéndote enfrente todos tus demonios, tus temores, riéndose de sí mismo y de tí , del deconstructivismo posmoderno o la aldea global de MaLuhan, con pequeñas dosis de cinismo, misantropía e incluso un poco de misoginia, todo ello adobado con música cálida y envolvente, ya sea jazz, Cole Porter o música clásica. Su peculiar característica es hacer divertido el sufrimiento.
He comenzado la tarde con Maridos y mujeres, film en el que con cámara al hombro, mucho plano secuencia , entrecortado y personajes que, rompiendo la cuarta pared miran a la cámara, desviando la mirada hacia su psicoanalista fuera de campo, que de vez en cuando aparece en primer plano y nos da diagnósticos de sus pacientes, produce un ritmo vertiginoso. En un escenario dominado por los libros, las luces indirectas y el desorden-ordenado que acompaña a las personas que viven de su intelecto, nos muestra una serie de parejas inmersas en un constante conflicto, extremando las situaciones con fines cómicos; son parejas que se acercan a la cincuentena, que sienten que la vida se les escapa y que buscan revivir sus emociones con mujeres más jóvenes (especialmente ellos) con las que luego no encajan culturalmente. También los psicoanalistas incumplen su juramento hipocrático, su código deontológico y se enamoran de sus pacientes, comportándose más neuróticamente que ellos. Pero,en la vida real, el director cayó en aquello que más parodiaba y acabó engañando a su mujer, Mia Farrow, con su hija adoptiva.

El personaje que interpreta Juliette Lewis, alumna aventajada de la Universidad, joven escritora inclinada a enredarse con hombres mayores inteligentes define al personaje/autor como alguien que habla de las mujeres de forma superficial y retrógrada y obliga a sus seguidores a elegir entre el desconcierto crónico y la monotonía urbana.






Woody Allen ha hecho siempre un cine en cierta medida catártico, auto-psicoanalizándose en público y mostrando su hipocondría, su temor a la soledad, su obsesión por el sexo y su desacralización y parodia de los neuróticos intelectuales neoyorkinos representados por los seguidores de los teorías de Jacques Derrida. De hecho llegó a realizar un film, Desconstruyendo a Harry, cuyo título adecuó al término psicológico a través del cual se conoce la escuela filosófica que encabeza el destacado pensador francés: el deconstructivismo.
Hay quien afirma que se reinventa en cada film, pero yo creo que cambia, como todos lo hacemos, con la edad. Tras matarse físicamente en Scoop, suprimiéndose a la vez como actor de sus películas (última cinta en la que lo podemos ver actuar), en su reciente estreno, Encontrarás al hombre de tus sueños, el personaje más maduro, encarnado por Anthony Hopkins, de carácter ciceroniano, en el sentido de que ve en la vejez una oportunidad para ser feliz al no tener que luchar por labrarse un porvenir, comete los mismos errores que el personaje /Allen e intenta su última aventura. Pero las mujeres de avanzada edad ya no van a la consulta del psicoanalista o del psiquiatra, puesto que son conscientes de que la Parca se acerca, sino a la de charlatanes y adivinos que les prometen la reencarnación, la posibilidad de superar sus angustias en una nueva vida. No hay más.
La realización se ha hecho más conservadora y los personajes más superficiales y menos intelectuales (prostitutas, pseudoescritores, galeristas glamurosos...), como corresponde al momento que vivimos. El mundo se aturde con tanto ruido y furia, lo que al final carece de significación si lo contemplamos en un universo más amplio al que constantemente retornamos.

Tras el breve paréntesis de sus tres obras británicas: Match point, Scoop o Sueños de Casandra de corte clásico, Woody Allen vuelve a su cine existencial que tan buenos momentos nos ha dado.
Sea cual sea la calidad de su película algo está asegurado: sales del cine con una sonrisa en la boca, a pesar de ser un poco más conscientes de que somos mortales y la vida no es perfecta.






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