dimarts, 26 d’octubre de 2010

Matt Reewes. Déjame entrar. La mujer es el problema.


Hoy se ha estrenado en Valencia la película de Matt Reeves, Let me in. Debo reconocer que me ha defraudado enormemente, especialmente por la buena crítica que le ha precedido, que la ha calificado de 'prosa de calidad' frente al poema que realizó Tomas Alfredson.Es cierto que la película del sueco es una obra maestra y que hacer un remake era muy arriesgado, pero el nuevo film obvia algunas cosas y explicita otras, y tanto lo que desvela como lo que silencia son altamente elocuentes. Lo mejor del film es la música y los efectos sonoros con que inicia la cinta.






Estructurada en un bucle continuo, los flashbacks constantes, especialmente el primero, muy ostentosos, son desafortunados, y algunas secuencias son hasta algo cómicas, como la de la mujer ' vampirizada ' que se quema en el hospital. Pero lo peor es lo que obvia o modifica el relato, que lo cambia sustancialmente. Anuncia que la acción se va a desarrollar en Los Alamos, Nuevo Méjico, en 1.983, era de Reagan, información redundante pues la imagen del político aparece alguna vez en la televisión. El mensaje que lanza es el de la dialéctica entre el bien y el mal, cuyas receptoras son en su mayor parte las mujeres, y especialmente la madre de Owen; este sentimiento religiosos y sectario, que ahoga a los que viven a su alrededor, es la causa de la separación del marido, que la sume en una profunda depresión y la empuja a la bebida. Owen pasa de este modo a rememorar una Carrie masculina (Brian de Parma ), que recibe la ayuda de un ser sobrenatural de sexualidad ambigua. Lo más curioso es que jamás nos deja ver la cara de esta mujer, haciendo en ocasiones auténticos malabarismos para ocultarla, con lo que pasa a simbolizar directamente el mal.






La madre de Oskar, en la película de Alfredson, es una madre normal, que cuida de su hijo y se preocupa cuando se comienzan a cometer los asesinatos. Esta mujer ha sido abandonada por su marido, que ha formado una nueva pareja con un hombre, hecho que no acepta el niño, que se escapa de noche de la casa de su padre, en la que abundan objetos de color rojo, que alertan al espectador acerca de los sentimientos del niño. Así pasamos de mujer abandonada y pareja gay a mujer histérica que se refugia en la religión, amargando la vida de padre e hijo. Son constantes los símbolos y alocuciones religiosas.

También se obvia la ambigüedad de Eli/Abby, que en realidad es un niño castrado, que en el lugar del sexo tiene una cicatriz. Los espejos reveladores de lo que la verdad esconde han desaparecido y en su lugar surge no un film anti-crepúsculo, sino otro más claramente vampírico, en el que los niños hablan sin tapujos de la condición de la niña, hecho que obvia Alfredson. Frente a la morena sucia, pobremente vestida y de aspecto muy inquietante, que deja bien claro que mata para sobrevivir y no está invadida por el odio como Oskar, Reeves nos muestra una niña rubia norteamericana que jamás nos perturba, ni cuando lleva la boca llena de sangre; la fotografía del film es generalmente muy cálida, de colorido brillante, como corresponde al lugar en que se produce la acción.

Cierto que ha respetado el ambiente nevado de un país nórdico (nieve claramente artificial), pero no llega nunca a producir esa sensación de frialdad, aislamiento, soledad y misterio del parque sueco. Incluso me han decepcionado los efectos especiales, en los que los americanos son los grandes maestros; Abby no se mueve como Eli, que te deja helada cuando aparece.

Quien ha visto la película de Alfredson quedará muy defraudado, quien no lo haya hecho no entenderá la publicidad que le acompaña. Sólo queda reflejado el acoso escolar que sufre el niño, más brutal, si se quiere,físicamente, pero menos cruel y sofisticado que el de la versión original. Estoy de acuerdo con Carlos Revirigeo (Cahiers du Cinema, 0ctubre , 2010) en que la versión ha perdido delicadeza, se ha embrutecido, pero no lo estoy tanto en que la ambiguedad moral y protosexual entre la joven pareja quede claramente enunciada, cuando le pregunta al padre si existe el mal; creo que ha perdido riqueza en los matices. Por otra parte el niño descubre que el hombre que vive con ella ha envejecido a su lado por medio de una fotografía. Explicitud innecesaria, lo habíamos comprendido.

Las mujeres son las víctimas de la nueva versión; ha desaparecido el perfil de las víctimas, que ahora son guapas jóvenes que pasean perros.


Propuestas didácticas:

Os propongo un ejercicio: comparad la madre de Oskar/Owen.
¿Abby se desprende de los hombres cuando les ha chupado la sangre?




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