dissabte, 30 d’octubre de 2010

Saul Dibb.La Duquesa

La conclusión que sacas tras ver La Duquesa de Saul Dibb, es que si no se hubiera producido la Revolución Francesa habría que haberla inventado. La situación de la mujer en la Inglaterra del siglo XVIII era insostenible. Las mujeres eran objeto de malos tratos, palizas y chantajes de todo tipo, incluso en la Alta Nobleza: triunfaban en público, sufrían en privado. Las humillaciones y vejaciones , incluídas violaciones por parte de su marido, llevarían a cualquier hombre hoy ante los tribunales; pero incluso las madres apreciaban más, como afirma Mankiewicz ('La huella') en relación a los jueces, las propiedades y la posición que el bienestar de sus hijas, y los consejos que les deban eran monstruosos. El hombre se escuda en su deber, consciente del mal que hace, pero no puede añorar su libertad, que es absoluta; quizás, si le queda un gramo de conciencia, sabe que ha prodigado a su esposa una vida que no merece ser vivida. Las críticas masculinas son duras con el film, con el consabido calificativo de 'predecible', 'frío', 'de corpiño'..., pero pocas veces hemos visto en el cine el maltrato físico de la alta sociedad, en este caso de la nobleza. El film es la adaptación de una obra homónima de Amanda Foreman, bassada en un personaje real, que recuerda mucho a Lady Di, mujer amada y admirada por el pueblo por su glamour ( en este caso, cabellos muy rellenos que elevaban artificialmente su altura, como María Antonieta) y por su cercanía al partido liberal inglés. Su contrato matrimonial tenía una cláusula difícil de cumplir en aquella época, en que no se podían manipular los genes: la mujer debía tener un hijo varón. Hasta ahí, tema conocido. Lo que se oculta habitualmente es que en esa sociedad más que patriarcal, la mujer debía soportar todas las infidelidades del marido, ya que su contrato sólo le obligaba a mantener su estatus económico y social; si ella tenía algún amante él sufría una doble humillación: no tener hijos varones legítimos (naturales no contaban) y ser un 'cornudo'. Georgina (Kira Knigtley) es desposada con el Duque de Devonshire (Ralph Fiennes), uno de los hombres más ricos e influyentes de Inglaterra en el siglo XVIII; todos quieren a Georgina menos su marido; pero el desprecio a los sentimientos de la mujer llega al extremo de establecer una relación permanente con la mejor amiga de su esposa Lady Bess Foster, que a pesar de querer a la duquesa, acepta la relación, chantajeada, para poder recuperar a sus hijos. Despreciada, obligada a vivir este ménage à trois, conviviendo en la misma casa (las comidillas respecto a la mujer se veían de otra forma )y sentándose los tres juntos a comer, Georgina decide no resistirse a su amor por un político liberal, Charles Grey. Enterado el marido, no sólo amenaza con dejar caer el peso del poder sobre los amante, sino que fuerza a la duquesa y la deja embarazada. Las agresiones,maltratos, mala vida se suceden...Georgina sabe que no puede hacer otra cosa que cambiar su vida por la de sus hijas. Si algo ha cambiado en estos dos siglos y pico ha sido la situación de la mujer. Vida sólo hay una y el lema carpe diem vale tanto para los hombres como las mujeres. Aunque las clases privilegiadas escondan el maltrato éste es transversal, y muy bien descrito en La Duquesa.

No es que también los ricos lloren,es que nos hacen llorar a los demás. En su medio, de vez en cuando surge un alma rebelde que no se quiere plegar y sacrificar su vida entera, pero el sistema lo aplasta. Todos prefieren mirar a otra parte, lo que casi es preferible, pues si miran a la mujer es para hundirla más.


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