dilluns, 24 de maig de 2010

La vida de los otros. Modelo social y de poder

Actuamos y nos relacionamos de acuerdo con unas creencias que no son naturales ni neutrales, sino que obedecen a unos valores socioeconómicos concretos basados en relaciones de poder , de dominio de unos pocos hombres y la sumisión de muchos seres humanos, hombres o mujeres, ya que tod@s somos seres sociales inmersos en una cultura cargada de valores y creencias desempoderantes.. Al sistema no le interesa que las personas crezcan sabiéndose poderosas e ilimitadas, sino que necesita de una gran mayoría desempoderada para justificar su existencia y mantenerse generación tras generación. Las personas a las que se niega sistemáticamente el poder y la influencia en la sociedad dominante interiorizan los mensajes que reciben sobre cómo se supone que deben ser y llegan a creer que son mensajes ciertos. Este fenómeno se llama opresión interiorizada y se convierte en algo tan arraigado que sus efectos llegan a confundirse con la realidad y a justificarse como naturales (Maite Sarrió Catalá). Un viejo profesor de la vida me decía que para que haya un "listo" es condición sine qua non que haya un millón de "idiotas"·

Donde surge un nuevo centro de poder construye un mundo a su alrededor desde el Miedo y el desempoderamiento psicológico. Este es el medio en el que desarrolla la historia de Florian Henckel Von Donnersmarck, La vida de los otros, en la RDA gobernada por Honecker, en vísperas de la Glasnot de Gorbachov y la caída del muro de Berlín, que, como pasa siempre, los ejecutores del terror no ven venir, porque se consideran impunes. Un agente de la Stasi, oficial extremadamente competente de la todopoderosa policía secreta, Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), investiga la vida de aquellos que se desmarcan y crean un sistema de creencias propio e intelectualizado. Entre ellos se encuentra el dramaturgo Georg Dreyman (Sebastian Kock), cuyo antiguo colaborador, Albert Jerska, ha sido apartado de la escena e incluido en una lista negra. Dreyman, socialista y contemporizador con el régimen se pasará a las filas de la rebelión tras el suicidio de su amigo, y escribirá un artículo para la revista alemana Der Spiegel sobre la frecuencia de estas decisiones dramáticas entre los intelectuales de la RDA, que en este país llamaban autoasesinatos.

Con anterioridad se había decidido monitorear, es decir espiar y controlar, al escritor, que parecía sospechosamente conformista, teniendo en cuenta el medio en que se movía. Antes de morir, Jerska le regala una partitura, Sonata para un hombre bueno, cuyo título recordaba una obra de Brecht. Wiesler es el encargado de dirigir el espionaje, y a través de cámaras y micrófonos instalados en el piso de Georg, va siguiendo paso a paso el pensamiento, la vida, la música, la literatura de unos seres que han tenido el privilegio de acceder a un estatus cultural que a él le había sido negado por el realismo socialmente existente y va creciendo en él la empatía por sus víctimas, hasta llegar a ocultar pruebas que les acusan, pagando por ello con la degradación profesional para siempre. Finalmente Dreyman descubre la ayuda de este ser anónimo al que dedica su nueva obra, Sonata para un hombre bueno, para HGW XX/7.

El dinero y el poder se pueden adquirir si no se tienen escrúpulos, pero el conocimiento exige un esfuerzo cuyo resultado es irreversible y sólo está al alcance de unos pocos, lo que genera el resentimiento, el peor de los se
ntimientos que puede invadir a un hombre. Bruno Hempf, Ministro de Cultura, se encapricha de Christa-María Sieland, amante de Dreyman, y la desarman físicamente, violentándola sexualmente, y, lo que es peor, psicológicamente. Primero amenazándola con apartarle de los teatros; Wiesler se hace el encontradizo con ella y le recomienda que no se venda por el arte, pues no lo necesita, ella sabe que es una gran artista. No obstante el uso del Miedo y la Violencia son el arma más destructiva, y tras ser detenida y amenazada con la prisión y la tortura, vende a su amante, y les da la prueba que necesitan: el lugar donde se esconde la máquina con la que ha escrito el artículo para Der Spìegel. Wiesler se adelanta y se la lleva. María acosada por el remordimiento y la culpa, sale a la calle en un estado de total desorientacion y confusión, es atropellada por un coche y muere. El Teniente Coronel de la Stasi, Grübitz (Ulrich Tukur), aunque no tiene pruebas, sospecha del agente y lo degrada. Pero no sabe que Wiesler ha descubierto un mundo mágico para él: el del conocimiento y la cultura.




Dreyman dice que si Lenin hubiera escuchado mucho la Apassionata, no hubiera hecho la revolución.

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