dissabte, 29 de maig de 2010

Algo mediocrito


Si algo demuestra el Festival de Eurovisión, que este año se celebraba en el Telenor Arena de Oslo, es que la vieja Europa ha perdido el rumbo. Nuestro mundo no ha tenido nunca nada que decir en la época contemporánea en el ámbito musical, pero ahora se le ha agotado hasta la imaginación para hacer algo decente. Nuestros músicos, tirados en la cuneta, no se merecen la representación que nuestro país se hace de su trabajo. La puesta en escena ha sido lamentable, la representación lumínica de los países deplorable, y el producto para echar a correr.

A costa de primar el amiguismo, de juntarse entre ellos mismos y de felicitarse por lo bien que lo hacen, acaban por dar la imagen de un continente viejo, cansado y sin creatividad. La ausencia de ideas se intenta llenar con mujeres impactantes, que además de cantar sugieren y enseñan.

La nota de color la ha puesto el espontáneo profesional, Jaume Marquet Cuna, llamado Jimmy Jump, que ha irrumpido en el escenario, saboteando la actuación de Daniel Siges, Este hecho permitirá que la prensa amarilla y del corazón tenga un filón que explotar durante mucho tiempo, y , con un poco de suerte, lo veremos peregrinar por todas las cadenas. Dinero fácil y sin doblar el lomo.

Jaume Marquet Cuna, que ya ha realizado una acción parecida en múltiples ocasiones, siempre en relación con el mundo del deporte, ha encontrado una plataforma ideal para darse a conocer en todo el mundo. Esto es lo que las reglas de la televisión imponen, y son muchos los que las aceptan con tal de alcanzar una notoriedad que no pueden alcanzar de ninguna otra forma. Eurovisión le pone una plataforma multimillonaria y él la utiliza; después paga una suma también millonaria, con lo que le rentan estas espectaculares actuaciones, y todo en orden.

Pero algo más se ha puesto en evicencia: la incapacidad de Europa de salvaguardadrla seguridad de sus ciudadanos. Pero, claro, un mundo que no considera a aquellos que con su trabajo hacen posible el bienestar, como profesores, médicos y policías, y opta por lo efímero que deja dinero y se evapora rápidamente ¿qué puede esperar?

Todo olía a cutre, decadente, hortera y de mal gusto. Esta no es la Europa en la que tanto confiamos.


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