diumenge, 9 de maig de 2010

Adam McKey, Hermanos por pelotas


Frente a otros filmes de autor, serios y bien realizados, Adam McKey realiza una astracanada, en la que una pareja de divorciados, Robert y Nancy, que se vuelven a casar, aportan al matrimonio dos hijos cuarentones, narcisistas, inmaduros y crecidos, que amenazan con destruir a la familia, recién constituida. El peligro es la transgresión y la desacralización que tanto atraen a los adolescentes.

Todos conocemos padres, entre ellos periodistas y dibujantes de diarios, que bromean con el hecho de que los hijos se resisten a abandonar el hogar paterno, en el que viven parasitando a sus padres; ello unido a la abundancia de gags con referencia a frikis muy identificables y parodias de jóvenes integrados, qie sólo se mueven por dinero, pero que añoran su infancia perdida, puede provocar una diversión momentanea del público consumidor.

Pero la sociedad no puede hacer dejación de sus responsabilidades. Durante mucho tiempo se ha educado a los jóvenes en un consumo insostenible para los recursos inexistentes, mientras se les negaba el acceso al mundo de los adultos con bases sólidas que permitieran su emancipación; la crisis ha empeorado las posibilidades de estos jóvenes que pueden extender su adolescencia hasta edades muy maduras. En una secuencia se oye a una presentadora de televisión definir a una madre diciendo: "Aunque su hijo tenía ochenta y ocho años, ella nunca perdió la esperanza".

Conceptos como la maternidad y paternidad responsable están desapareciendo; en otras épocas, Herzog, - Fatamorgana-, al hablar irónicamente del Paraíso en la tierra, hace decir a una voz en off algo terrible: "En Paraiso (imágenes de una sociedad primitiva, probablemente africana ) ya llegan muertos al mundo". Aún no hemos llegado a estos extremos, pero resulta patético educar a un ser en la abundancia, preocuparse por la mejor educación y luego lanzarlo a los leones para preservar la mejor calidad de vida unos padres irresponsables.

En este contexto se machaca también a la mujer, como la consentidora, la maleducadora...Muchos directores de cine, autores de primera línea, han colocado la figura del padre como la generadora de conflictos posteriores; entre ellos podemos citar a George Lucas ( Dar Waider), Coppola (Tetrocini), Werner Herzog (Teniente corrupto), Bergman...



Hermano integrado:



Cierto que no deja títere con cabeza, pero, aparte de las bromas, es un guiño complaciente a la sociedad imperante. Al final los descarriados, por supuesto, se integran. Todo vuelve a su lugar.

Como es un tipo de cine que atrae a los alumnos más irreflexivos, propongo una reflexión sobre estas películas.

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