dimecres, 15 de setembre de 2010

Woody Allen y los medios de comunicación

Woody Allen en su film Si la cosa funciona expresa claramente la razón de por qué muchos adictos a los medios de comunicación nos estamos separando de ellos. Su protagonista, Boris Yelnikoff, (Larry David ) , rompiendo la cuarta pared e interrumpiendo la diégesis fílmica, apela directamente al espectador y le saca de su actitud pasiva, usando una dialéctica negativa, como hará a lo largo del film.

Un niño, dentro del relato, le dice a su madre que ese hombre está hablando sólo. A pesar de su talante amargado y misógino, Boris tiene una buena filosofía: todo está bien, si la cosa funciona.

Hablándonos directamente, con la vista fija en la cámara, a través de la cual le observamos como espectadores, nos dice que somos una especie fallida, que hacemos la vida mucho peor de lo que es, que ya es bastante sin nuestra ayuda. Ante la sorpresa de sus amigos, hace patente su interpelación al espectador: "Hay una sala llena de público mirándonos. Pagan un buen dinero para que algún sinvergüenza de Hollywood se agrande la piscina. Están ahí sentados ¿No los veis ? (...) ¿Qué demonios significa todo ? Nada, cero, niente. Nada conduce a nada y aún así no faltan idiotas que balbuceen ¡Yo no! ¡ Yo tengo visión!. Hablo de ti, de tus amigos, de tus colegas, tus periódicos, la tele; a todo el mundo le encanta hablar lleno de desinformación: de moralidad, de ciencia, religión, política, deporte, amor, tus intereses, tus hijos, la salud...Mi padre se suicidó porque los periódicos le deprimieron ¿Qué iba a hacer con el horror, la corrupción, la ignorancia, la pobreza, el genocidio, el SIDA, el calentamiento global, el terrorismo y los obsesos de los valores familiares y las armas ?

Horror dijo Kurtz en "El corazón de las tinieblas". Por suerte para Kurtz no le llevaban el Times a la selva. Allí sí vería horror. Lees sobre una masacre en Darfur y luego pasas la página, mientras preparas los huevos de cultivo ecológico".

Yo no lo hubiera definido mejor; tras un invierno y una primavera anunciándonos tal horror que ablandaron nuestro cerebro para aceptar la bajada de sueldos, llegado el verano trajo consigo la paz: todos ellos, empoderados, a la playa, al crucero, a la montaña, a visitar ciudades en el mundo...¡Pero llega el otoño! ¡Pobres de nosotros! ¿Que nos habrán preparado en dos largos meses de reflexión ? Luego hablan de las vacaciones de los profesores, que no tenemos aire acondicionado en verano y que la calefacción funciona hasta las 10 ¡de la mañana!, para no gastar; los más notables de los voceros desaparecieron a finales de junio y se acaban de incorporar trayendo de la mano al Apocalipsis, que anuncia nuevas desgracias. Los huevos ecológicos de Woody Allen y las piscinas agradables de los medios son el contrapunto.

Los romanos descansaban en invierno, y las campañas guerreras comenzaban con la llegada de la primavera y duraban hasta el otoño, porque dependían de las inclemencias del tiempo. Ahora todo ha cambiado, y los que pueden gozan de aire acondicionado en verano y calefacción en invierno, hasta enfermar por hipotermia o trombosis cerebral.

Estamos con Claude Chabrol: El cine es una ventana abierta al mundo. Miremos a través de ella.


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