dimecres, 22 de setembre de 2010

Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio; Shutter Island. El mundo de la psiquiatría.


Hoy se ha producido una novedad importante para los que amamos el cine: la salida al mercado del DVD de Shutter Island de Martin Escorsese, lo que nos ha permitido disfrutar de una 'nueva película'. De acuerdo con el autor el guión permite diversas lecturas, pero la segunda vez que la ves, de la mano del director, de Leonardo DiCaprio y el psiquiatra James Gilligan, asesor de Scorsese, haces un viaje por el laberinto del cerebro humano, donde se generan los monstruos, el amor, el dolor, el odio...

El film tiene como escenario la guerra psiquiátrica que se produjo en Estados Unidos a principios de la década de los cincuenta, en la que competían tres orientaciones distintas:

  1. La quirúrgia, cuya práctica más usual era la lobotomía transorbital, encabezada en la ficción por el Doctor Naehring (Max Von Sydow), que consiste en insertar un picahielos por el ojo hasta el cerebro para desgranarlo. En aquella época, en la América real, el Doctor Freeman recorría el país convenciendo a todos sus colegas de la bondad de esta intervencion y realizando personalmente cuantas intrusiones físicas podía; las consecuencias negativas para el enfermo, que se convertía en un autómata sin recuerdos ni voluntad, convirtieron este remedio en símbolo de científicos locos o médicos trastornados, como el Doctor Fausto o el Doctor Frenkestein (según Gilligan). Nosotras, cuando vimos la película en el cine, (ver post en el blog) lo relacionamos con los doctores malignos de la tradición del cine alemán y sueco (Dr.Mabuse, Doctor Verguerus). De hecho cuando Teddy Daniels entra por primera vez en el recinto que ocupan los psiquiatras, decorado con gran lujo, ve en la pared una cuadro que representa a Hitler; Teddy relaciona las investigaciones que se realizan en Sutter Island con el Comité de Actividades Antiamericanas, y se monta una historia tan verosímil que muchos la prefieren a la de Scorsese.
  2. La farmasicológica, que consiste en la administración de thorazina y litio, que hoy se usa en los trastornos de personalidad, pero que entónces tenía efectos secundarios graves.
  3. La radical, defendida por el Doctor Cawley ( Ben Kignsley ), con la ayuda del Doctor Lester Sheeman, que se basa en un tratamiento psicoanalítico, sin fármacos, conducente a que el enfermo reconozca el trauma, con el argumento de que las heridas crean los monstruos que han originado su enfermedad. En este caso fracasará y deberá entregar al paciente a su oponente el Doctor siniestro.
Hemos dicho ya muchas veces que los americanos no tienen ningún temor a analizar sus principios como pueblo y asociarlos con la criminalidad; Como ocurrió con el Imperio Romano, cuyos orígenes míticos narra Tito Livio en An urbe condita, según los cuales sus fundadores, Rómulo y Remo, fueron amamantados por una loba (aunque Livio matiza y asocia loba a prostituta), Escorsese hace decir a su protagonista que a él lo criaron los lobos. Es un hombre entrenado para ser violento, que participa en la Segunda Guerra Mundial y después ejerce como policía judicial. Su mujer sufre enajenación mental que él no quiere ver, hasta que se encuentra a sus hijos muertos, víctimas de un homicidio ' altruista', como le llama el Doctor Cawley, que comete una madre cuando quiere evitar el dolor de sus hijos. Pero Teddy no acepta esta realidad y crea una personalidad múltiple, que gira en torno a cuatro nombres, cuatro monstruos inventados: Andrew Laeddis, Rachel Solando, Dolores Chanal y Edward Daniels, que son anagramas entre sí: todos tienen trece letras. Él, en realidad, es Andrew Laeddis. Acabará suicidándose simbólicamente, de manera voluntaria; Su argumento es: ¿Qué sería peor vivir como un monstruo o vivir como un hombre bueno ?

La segunda vez que ves el film, tras el making off (lujo que te puedes permitir, sin hacerte a tí mismo spoiler ), observas con claridad , como afirma Scorsese, lo que no habías visto la primera: la actitud de temor de guardias y personal auxiliar, o de relax cuando médicos y enfermeras comparten un rato de ocio con los pacientes; las habitaciones en que duerme, la ropa que lleva...; la tirita en la frente ( resultado de una intervención o productos de una lesión en algún forcejeo) ya la habíamos visto. El compañero policía no es otro que su psiquiatra Lester Sheehan. Toda la historia es producto de un montaje realizado por un ser inteligente, lo que le hace más peligroso, para no hacer frente a la realidad.

Las guerras tienen efectos secundarios graves para los que intervienen en ellas; desde las guerras mundiales, pasando por Vietnam y llegando a Yugoeslavia e Irak, miles de cadáveres vivientes arrastran sus almas en pena por el mundo. Unos cometen crímenes horrendos ( El valle de Elah de Paul Haggis), o acaban en terribles psiquiátricos, en los que cabe la duda de que se experimente con ellos (¿Es una alucinación de Teddy, o no ? ).

Como dice Scorsese la cinta tiene muchas lecturas, y depende, como siempre de la experiencia del que la ve; de momento hemos visto dos posibilidades ¿reales o ficticias ? Ambas son coherentes, y en la metadiégesis sería verosimil pensar que efectivamente se cometen crímenes en Shutter Island y que se somete a un tratamiento al investigador, generándole un trastorno múltiple que no le hará creíble ante nadie. Pero esto es pura imaginación, aunque constituye un discurso paralelo bien hilado.

Propuestas didácticas:

Quiero que os fijéis en el avance de la ciencia y en la situación dd precariedad que vivían los enfermos mentales, hace apenas medio siglo; del mismo modo relexionad sobre las consecuencias de las guerras en los que sobreviven a ellas, sean hombres o mujeres.

Cuando lo necesitamos sacamos todas las enegías de que disponemos para enfrentarnos a la adversidad, pero las heridas que quedan generan monstruos, como dice el doctor Cawley, muchas veces difíciles de eliminar. En este universo kafkiano, al final del laberinto a todos nos espera nuestro faro, nuestra sonata de otoño.



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