dissabte, 4 de setembre de 2010

Terry Gilliam.El imaginario del Doctor Parnassus


Terry Gilliam nos presenta una película visionaria, El imaginario del Doctor Parnasus, en la que un viejo fantasioso e imaginativo realiza constantes pulsos y apuestas con el 'diablo', Mr. Nick, vestido como un burgúes del siglo pasado, con sombrero de hongo y paraguas, en los que éste le ofrece abandonar su modo de vida y pasarse a la otra orilla, donde podrá comprar, divertirse, viajar..., pero Parnassus es un viejo loco que no se deja convencer y que prefiere arrastrar su carro, lleno de ilusiones, por las calles de distintas ciudades, arrastrando también en su delirio a su adolescente hija. Al final ambos la liberarán. También instituciones de prestigio para los británios sufren el azote lacerante de Gilliam, como la Policía, que invita a los hombres a enrolarse en sus filas, para poder hacer legalmente lo que no les está permitido como ciudadanos; o la prensa, que no se puede leer porque sólo dice mentiras, especialmente The Daily Mirror.



Terry Gilliam y Tim Burton son dos grandes ilustradores, dos grandes creadores de fantasías visuales, pero el imaginario de Gilliam es mas tradicional y evoca esos teatritos de papel, de principios del siglo XX que hicieron las delicias de nuestras abuelas, cuando con una imagen cinematográfica incipiente, la imaginación debía jugar un gran papel.

En realidad el film va de eso: el Doctor Parnassus está jugándose siempre algo con el 'diablo', su alter ego, con el que jamás podrá romper; siempre se debate con el lado oscuro entre una sociedad del entretenimiento y la ignorancia y su deseo de narrar historias eternas y estimular el desarrollo de la capacidad creativa del hombre. La lucha eterna entre el cuerpo y el espíritu, pero también entre la excesiva racionalidad frente a los sentimientos, representada por el símbolo de los iluminati que lleva grabado Tony ( Heath Ledger) en la frente. Este personaje sacará rendimiento económico al mundo ficticio del Doctor, ruinoso hasta su aparición. Al final se verá claramente, aunque va dando indicios, que es un sinvergüenza que ha robado a todo el mundo, incluso a las ONGs que ayudan a los niños.


Hasta ese momento siempre gana Parnasus, pero en el premio lleva implícito un tremendo castigo: el diablo le regala una vida eterna para que pueda ver cómo llega el momento histórico en que nadie quiera que le cuenten historias. Ese momento parece que ya ha llegado; la audiencia prefiere el reality show o todos aquellos inventos que permiten fisgonear en la vida del vecino. En la última tentación, el perdedor Parnassus deberá pagar una durísima prenda: entregar a su hija al malvado cuando cumpla dieciséis años. Esto es lo que ocurre, y en el mundo 'real' de traduce en dejarla libre para que decida su destino.

Una parte del film está rodado en las Galerías Vittorio Manuelle de Millán, muy acordes al imaginario de Gilliam; la última secuencia tiene como escenario otras galerias comerciales muy modernas, en las que el viejo y trasnochado anciano ya no tiene lugar; su hija pasa junto a su lado, le echa una moneda y no lo reconoce. La única condición para que ella sea feliz es que él desaparezca de su vida. La imaginación, la racionalidad y el entretenimiento deben darse de forma equilibrada, para evitar hacernos daño y hacérselo a los demás.


En realidad Terry Gilliam nos trae el cuento de Alicia de Lewis Carroll, pero ahora no es la mujer quien sueña, sino aquella con la que sueñan todos los hombres y a la que intentan someter; es una adolescente que va a cumplir dieciséis años, y a la que el padre le hace aparentar doce, en función del espectáculo. También aquí el espejo señala el límite entre lo imaginario y lo ficticio; igual que el libro de poesía invertida, Jabberwoky, que sólo puede ser leído al reflejarlo en un espejo, nosotros cuando nos miramos en él también vemos nuestra imagen invertida, nuestro alter ego, el lado de nuestra persona que no enseñamos a nadie. Cualquiera que atraviesa el espejo del Dr. Parnasus encuentra materializados sus auténticos deseos no desvelados a los demás. Tony es muy rebuscado y cada vez que lo atraviese será un hombre distinto, `protagonizado por distintos actores: Heath Ledger, Johnny Depp, Jude Law o Collin Farrell. Este juego permitió a Terry Gilliam acabar su película, ya que Heath Ledger murió por una sobredosis accidental de medicamentos recetados, cuando había interpretado sólo un poco más de la mitad de su papel. El sueño de Frankenstein se realizó en este caso: poder ver al actor en una película, trabajando, después de haber fallecido.













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