dissabte, 27 de març de 2010

Gus Van Sant, Last Days




Si el hacer siempre la misma película, cambiando los personajes, define la política de autor, esa es la actitud de Gus Van Sant en Last Days, si la comparamos con Elephant o Paranoid Park. En este caso nos hace un filme in memoriam de Kurt Cobain, cantante del grupo Nirvana, que a muy temprana edad se quitó la vida. Este personaje se transforma en el filme en Blake, que, abrumado por el éxito, se retira a su mansión en medio de un frondoso bosque con el objetivo de descansar y buscar la inspiración para su música.

Como en otros filmes de Gus Van Sant, pero en este caso extremando sus planteamientos, intenta una aproximación objetiva, sin penetración psicológica en sus personajes, dando como resultado una gran frialdad y dureza en el análisis de la actitud vital de los mismos. La película esta filmada con planos secuencia, con cámara fija y el paisaje sirve como una pantalla transparente que se interpone entre los actores y el ojo de la cámara, hasta tal punto que el observador ve en la lejanía movimientos del protagonistas, a veces a través de una ventana, que no sabe interpretar muy bien; en otra ocasión asistimos a una secuencia en la que dos personajes secundarios, cuya presencia no está ni siquiera justificada, hablando de Blake en el interior de un coche, del que sólo vemos el cristal frontal en el que se reflejan los árboles y se oyen las voces prácticamente en off.

Juzgamos a Blake desde fuera, sin conocer en ningún momento la causa de su neurótico comportamiento; todo contribuye a obtener una impresión de decadencia: el estado de la casa, el protagonista vistiendo ropa de mujer, visitantes extraños ( vendedores de guías de páginas amarillas, jóvenes de sectas, amigos distantes...), pero Blake apenas pronuncia algún susurro. Gus Van Sant nos pone delante la decadencia del personaje pero no entra a juzgar; más que un homenaje es una descripción descarnada, como el retrato que hizo Frida Khalo de la amiga que se suicidó arrojándose desde un rascacielos y a la que vemos caer en una secuencia cinematográfica, para al final aparecer estampada en el suelo; la madre de la desafortunada rechazó la obra y se molestó extraordinariamente con la pintora.

El resultado de la mise en scène es desolador; la cámara fija durante toda la secuencia, bien se trate de la reproducción de un videoclip de música negra ¿?, uno de los amigos cantando una canción, Blake trasteando con los instrumentos, visto a lo lejos a través de la ventana...; nada queda de humano, como con el joven de Paranoid Park, o los muchachos cultos y asesinos de Elephant. ¿Dónde está la parte mágica, si la hubo, de Nirvana y Kurt Cobain?

Nuestros alumnos sentían esta misma desolación, incomprensible paras ellos, que transmiten las películas de Gus Van Sant. Pero algunos críticos como Gérard Léfort la califica de "resplandeciente" y de epopeya sobre el final de la adolescencia. Afortunadamente millones de hombres llegan al final de su adolescencia con algo más de calidez e incluso de implicación social, porque en caso contrario les espera un final como lo retrata Gus Van Sant, aunque afortunadamente menos frío y salvaje.

No se entiende muy bien el desdoblamiento final entre el cuerpo muerto y el ¿alma? de Blake. ¿Qué nos quiere decir el autor ?

Por otra parte, en la vida de estos jóvenes rockeros, las mujeres son más florero y descanso del guerrero que nunca; sólo aparecen en sus momentos de éxtasis, de pérdida de conciencia por el alcohol y las drogas y jugando un papel de satisfacción inconsciente o incluso de casi insatisfacción sexual por la reducción de las facultades de los jóvenes varones a causa de sus excesos. Lo que las obnubila es la fama.

Propuestas didácticas

Puede resultar aleccionador, con un grupo reducido de alumnos, reflexionar sobre a dónde conduce la falta de valores y la supervaloración del éxito y el dinero.










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