diumenge, 28 de març de 2010

Alfred Hitchcock y su mujeres: Rebeca


Antes de pasar a comentar la adaptación de la novela de Daphne Du Maurier , queremos hablar de lo que era el cine para el ilustre autor, gran creador de personajes femeninos que pasaron a la historia del cine por la solidez de su diseño, perfectamente ejecutado. La idea que tiene de lo que es un autor la define a través de la joven muchacha que será la segunda Señora de Winter: "Mi padre era un pintor que pintaba siempre el mismo árbol, porque una vez descubierto el objeto de su inspiración, no había ninguna razón para seguir buscando".

En la famosa entrevista que mantuvo con Truffaut, que dio origen al libro El cine según Hitchcock, el francés le formula una pregunta retórica fundamental, que viene a afirmar que ·"..existe una incompatibilidad entre la palabra cine y la palabra Inglaterra" (...) en Inglaterra hay muchísimos intelectuales, muchísimos grandes poetas, muy buenos novelistas, pero desde hace setenta años que nació el cine, sólo hay dos cineastas cuya obra resista el paso del tiempo: Charlie Chaplin y Alfred Hitchcock..."

Hitchcock, después de poner de relieve el desprecio de los intelectuales de su país por el séptimo arte, y recordar que cuando las clases altas empezaron a ir al cine, se les reservaban sillas en los palcos, que se llamaban la fila de los millonarios ( en España se distinguía la platea para los ricos y la general, más barata, para los pobres), cuenta que sólo a partir de 1925-1926 algunos estudiantes de Cambridge empezaron a interesarse por el cine a través de películas rusas u occidentales. En esta época nació la London Fil Society, que organizaba sesiones el domingo por la tarde para los intelectuales.

Esta falta de democracia se tradujo en una falta de cantera, mientras que en los periódicos el cine que se hacía en Hollywood se relegaba al pie de página. De manera despectiva afirma que a los clasistas ingleses les gustaba fotografiar la pobreza, lo pintoresco, las coladas tendidas en los cuchitriles y los burros en medio de las calles; los jóvenes del país empezaron a interesarse por ésto y de paso descubrieron lo social. "En cuanto se deja Inglaterra se encuentra una concepción del mundo mucho más universal, ya sea en la conversaciones con la gente o en la manera de contar una historia". Mientras en América se hacía un cine muy profesional, muy adelantado con respecto a los demás países.

Ese prejuicio pseudointelectual que denuncia Hitchcock, muy devaluado en un momento en que las fronteras se estrechan y los autores mejoran su formación, aún persiste en núcleos de población de todos de todos los países europeos, incluido el nuestro. Por esta razón algunos críticos aún pueden provocar y aparecer como enfants terribles, con sólo apoyar el cine que se hace en Norteamérica. A nosotras nos gusta el cine de cualquier país, con tal de que sea bueno y nos conmueva, independientemente si se usan muchos recursos o no. Por otra parte cada vez hay más tecnología al alcance de casi todos.

Rebecca

Rebecca es una adaptación cinematográfica de la novela de Daphne Du Maurier, que según los críticos literarios no es una gran novelista, pero que tuvo la virtud de atraer la atención de un gran director como Alfred Hitchcock, que llevó al cine tres obras suyas: La posada Jamaica (1939), Rebecca (1940) y Los pájaros (1963); en todas ellas junto a la mujer cobra un gran protagonismo el mar, que trae piratas, se lleva mujeres e incluso se convierte en digno contrincante de una heroína como Rebecca. Como dice la Señora Danvers : "A Rebecca no la venció ni un hombre, ni una mujer, la venció el mar". En el fondo estaba equivocada, aunque no lo sabía.

En Rebecca vemos las dos caras de una mujer, la brillante y enérgica que da nombre al filme, aunque nunca se ve su imagen y la auténtica protagonista, humilde y modesta, encarnada por Joan Fontaine, que ni siquiera tiene nombre propio y a la que siempre se la designa por el nombre del marido, de Winter, que sufre todos los embates del mar embravecido de una sociedad que la margina y la coloca a la sombra del espectro de su gran competidora.

En las tres películas el elemento perturbador que rompe la armonía creada por las circunstancias viene del mar, ya sea por Cornualles, Montecarlo o San Francisco, en forma de huérfana, modesta señorita de compañía o millonaria con periquitos; en todas la reacción social será violenta y xenófoba.

DphneDu Maurie

La película que aquí analizamos, Rebecca, tiene como marco geográfico un castilo, Manderley. Maxim de Winter (Laurence Olivier) arrastra un trauma vinculado a la muerte de su esposa Rebecca en extrañas circunstancias; cuando parece que va a suicidarse, conoce a una joven muchacha (Joan Fontaine ), de la que se enamora. Se casan y se trasladan a Manderley, donde la Sra. De Winter conoce a la Señora Danvers (Judith Anderson), el ama de llaves de la casa, que vive obsesionada con el recuerdo de Rebecca. Es un cuento gótico, una historia de fantasmas que desde el minuto uno - "Anoche soñé que regresaba a Manderley" - deja marcadas sus huellas en el estilo de la película (Qué leer-libros de cine); pero en este filme, brilla con luz propia el personaje capital de Hitchcock: la figura femenina con todos sus matices, encarnada en distintos personajes: Rebecca, Señora de Winter o Señora Danvers. De hecho parece que ha hecho dos historias paralelas, una en la superficie, la linealmente narrada, y otra en la estructura profunda: el amor de la auténtica protagonista de la obra por la primera mujer de Winter, la Señora Danvers."Las escenas que comparte con la segunda Señora de Winter pertenecen a la antología de grandes momentos de la obra de Hitchcock: la manera de acariciar la ropa de su señora, la iluminación de su rostro, su aspecto andrógino y lo fantasmal de sus movimientos. Existe otra película escondida detrás de la historia oficial, y el gran mérito de Hichcock, tal vez su gran hallazgo, es que a través de sombras nos la cuenta también. Es la historia de esa mujer secreta y locamente enamorada de Rebecca".

De hecho Rebecca es el auténtico McGuffin, el recurso argumental/expresivo que para siempre asociaremos a su director. Su recuerdo, su angustiosa ausencia/presencia, los misterios que dejó tras de sí, son el detonante de todos los sentimientos que se generan en sus personajes.

Cuando, al final, la Senora Danvers, conocido el hecho de que Rebecca, enferma de cáncer, había puesto fin a su vida, quema Manderley, el fuego purificador devolverá la paz a todos los miembros de la comunidad.

Siempre se ha pensado que la obra tenía un cabeza bicéfala: Hitchcock y el productor David Selznik. En el proyecto trabajaron hasta cuatro guionistas, además del director y su esposa Alma Reville.




Como siempre es un hecho destacable el uso diegético de la música en Hitchcock. Algunas películas muy recientes, comoThe Ghost writer de Polanski, nos recuerda a nuestro director, especialmente en este aspecto.


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