dimecres, 27 de gener de 2010

Madame Bovary de Chabrol

Madame Bovary. 1991
Director: Claude Chabrol
Guionista: Claude Chabrol
Producción: Marin Karmitz
Música: Mathieu Chabrol
Interprete: Isabelle Huppert

Claude Chabrol junto con otros directores como Truffaut o Eric Rhomer, críticos de Cahiers du Cinema, dieron lugar a una nueva corriente cinematográfica: La Nouvelle Vague. A principios de la década de los 50 escribió un libro sobre Alfred Hitchock que influyó en su estilo dado al suspense.

En este blog vamos a comentar la adaptación cinematográfica de "Madame Bovary" de Gustave Flaubert. A diferencia de otras versiones, como la de Vicenten Minnelli, en las que se la describe casi como una heroína, en la de Chabrol es una mujer corriente, insatisfecha, con tendencia a la depresión y muy caprichosa; antepone el hecho de ser mujer al de ser madre. Su actitud existencial conducirá irremediablemente a un final trágico para ella y para su marido.
Su actriz fetiche Isabelle Huppert representa muy bien el tipo de mujer que Chabrol quiere recrear, con apariencia debil y antipática, muy diferente a Jennyfer Jones en la versión de Minnelli, fuerte, decidida y vigorosa, e incluso los ambientes son vulgares y en cierto modo depresivos, como si se contagiaran del drama que en ellos se vive; se recrea en el error médico del Doctor Bovary y en la trágica muerte por suicidio de Emma, mostrando todo el proceso de un óbito por envenenamiento con arsénico, desde el paledicimiento progresivo hasta el tintado en negro de la boca y la lengua y el vómito final. La propia hija, Berta, siente miedo cuando se acerca a su lecho mortuorio. Una voz en off narra el destino de la niña, desamparada, tras la pronta desaparición de su padre y abuela.
Todo el film adopta la apariencia de una venganza contra esta mujer insignificante y egoísta, que se siente atraida por los ambientes sociales más elevados que el suyo, que vive por encima de sus posibilidades y que acaba machacada psicológicamente por sus amantes, las deudas, los embargos y físicamente por sus propios excesos, y especialmente por el último. Ella cree que la muerte será rápida y placentera, -se acuesta en la cama, cierra los ojos y piensa que ya no despertará-, pero, por el contrario es larga y altamente destructiva; en sus últimos momentos pide un espejo para contemplar cómo es esa destrucción.
En la escena del baile en casa del Marqués de Andurvilliers Chabrol dirige su cámara a los pies de los danzantes; según Vargas Llosa, en "La orgía perpetua",Flaubert tenía una especie de sentimiento fetichista hacia esta parte del cuerpo femenino.






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