dissabte, 16 de gener de 2010

La influencia de una madre, por Juan Manuel Pastor



Baudelaire: Las flores del mal

Antes de comenzar mi análisis de dos poemas de Baudelaire he pretendido formarme una opinión sobre el papel que representó en su mundo y la significación de su obra. Para ello me he basado en la obra de Jean-Paul Sastre “Beaudelaire”[1] y la Historia de la Literatura de Martín Riquer y José María Valverde, mucho más neutra y escrutadora de la terrible personalidad de nuestro escritor.

Jean Paul Sartre se hace una pregunta tremenda: ¿Tuvo Baudelaire la vida que merecía? ¿Mereció a su madre, su perpetua escasez, la amante avariciosa, la sífilis o el fin prematuro? La respuesta es más terrible todavía: sí, ya que tiene la moral más vulgar y rigurosa, un refinamiento que no le impide frecuentar las prostitutas más miserables, un miedo horrible a la soledad, a un trabajo regular, a viajar…

Le sirve de justificación ser el hijo de un matrimonio atípico: una madre de 26 años y un padre de 62. Tras la muerte de su padre, la unión con su madre es muy intensa (lo que ha permitido a muchos hablar de su complejo de Edipo), pero ésta se rompe bruscamente con el segundo matrimonio de ella con un militar, cuya derivada es el envío del niño a un internado. Ante la primera dificultad surge la famosa grieta en un alma fina y delicada que no puede soportar su primer choque con la vida. Llega a afirmar: Cuando se tiene un hijo como yo, uno no vuelve a casarse.

La grieta se traduce en un decaimiento, cuyo destino es el aislamiento al que se precipita con rabia. Reivindica la soledad para que venga de sí mismo, no se la imponga nadie.

Experimenta que es otro y asume su alteralidad con humillación, rencor y orgullo. Con una violencia terca y desbocada se hace otro, otro distinto de su madre, con quien sólo era uno y lo había rechazado. Por lo tanto se siente único, hasta el extremo goce, el terror, y frente a sus camaradas que ve como groseros y despreocupados.

Por otra parte es un narcisista que se examina, se contempla mientras mira para verse mirar, perdiendo naturalidad. Pero el drama baudelariano consiste en que su famosa lucidez es sólo un esfuerzo de recuperación, de verse. Pero para verse debía ser dos, por lo que sólo siente sus estados de ánimo, no encuentra su naturaleza, su carácter, su ser, que sólo se reflejaría en un exterior, en un espejo. Una ilusión.

Sólo a través de la reflexión realiza la posesión del Yo por el Yo, convirtiéndose en su propio verdugo. El mismo afirma: Soy la llaga y el cuchillo/ la víctima y el verdugo (el beeautontimoroumenos). Hacer sufrir es poseer y crear, tanto como destruir.

Baudelaire es el hombre que ha elegido verse como si fuera otro; su vida es la historia de su fracaso. En el operan dos fuerzas en tensión, dos fuerzas opuestas que persiguen la destrucción de lo humano, pues una apunta al ángel y otra a Satán. En esta visión tiene una tremenda influencia su formación cristiana, pero a la par se siente libre, pretende crear ex nihilo, inventar el mismo esos valores que tanto pesan en su interior: el Bien y el Mal. En su cosmos sólo admite tres valores: el sacerdote o la sabiduría, el guerrero o la muerte y el poeta o la creación. Los demás hombres son esclavos, hechos para las cuadras, para las profesiones.

De aquí se deriva su amor por lo artificial: afeites, adornos, ropas; su espíritu urbanita, reflejo de la libertad humana. Pero no puede desprenderse de su formación burguesa; es un rebelde no un revolucionario, que sólo pretende hacer daño a su madre y padrastro, que son sus dioses, aborrecibles, pero al fin y al cabo sus ídolos. Quiere ser otro, pero otro ante otros, sus padres, que deben reconocerle. En su soledad buscada no pide amistad, ni amor, pide jueces. Según Sartre le gusta gozar de la libertad limitada de un animal de lujo, lo que no deja de ser un indicio de masoquismo. Acepta el Bien y el Mal de sus propio jueces.

A diferencia del ateo, aunque él no se considera creyente, se siente como el oficiante de la misa negra, con conciencia del Bien y el Mal, de Dios y Satán. Encuentra la voluptuosidad en hacer el Mal; si además toma el propio Mal como excusa surgen las flores del mal; siente morbo por el Mal, en hacer daño a sus procreadores ve un acto creativo, aunque a continuación surja el arrepentimiento, el sentido de culpa. A diferencia del ateo que se despreocupa de Dios porque ha decidido que no existe, odia a Dios porque es amable, lo escarnece porque lo considera respetable; reniega del orden establecido, pero conserva y afirma ese orden. Por tanto hay en él dos postulaciones, una hacia Dios y otra hacia Satán, que no son independientes, sino que una está en función de la otra. Su sentido de la libertad exige que para lanzarse al Mal debe estar comprometido con el Bien.

Pero, a la hora de pecar elige un pecado suntuoso: la pereza y la postergación. Las otras mil formas del mal, más vulgares, como la traición, la bajeza, la envidia, la brutalidad, la avaricia…le son desconocidas.

También se ha dicho de él, quizás atribuyéndolo a su posible complejo de Edipo, que era impotente, pues el mismo afirma que copular es aspirar a entrar en otro, y el artista no sale jamás de sí mismo. Pero en realidad si era algo, era un mirón y un fetichista, ya que éstos eran vicios que aliviaban su voluptuosidad porque realizaban la posesión desde lejos. Hace el Mal y lo sabe; es un solitario, un onanista que goza profundamente con su pecado. Adoraba la vida encadenada, retenida, rozada y este amor impuro, como una flor del mal nacida del humus del horror. Escoge el Mal y sus frutos prohibidos porque están prohibidos.

Al optar por el Mal decide sentirse culpable (sentimiento muy cristiano y burgués). Pero, si pudiéramos separar el vocabulario exagerado que usa para describirse, ignorar las palabras atroz, pesadilla, horror, que se encuentran en Las flores del mal, podríamos ver, bajo las angustias y los remordimientos, algo más insoportable aún: la indiferencia. El castigo le complace tanto como el crimen. En Fusées afirma. Cuando haya inspirado asco y horror universal, habré conquistado la soledad.

Cree en el trabajo paciente, en la verdad dicha en buen francés y en la magia de la palabra precisa. En esto hay mucho de comedia de inclinación al artificio; este perezoso piensa que los atributos del artista son el trabajo y el esfuerzo y no la espontaneidad creadora, por lo que pasaba largas horas corrigiendo un poema viejo antes que hacer otro nuevo.

Otra observación es el culto a la frigidez simbolizados por el color blanco, el metal, la luna, el agua pura. La luz de la luna con su claridad prestada por el sol es el símbolo aceptable para Baudelaire; la mujer a quien se ama es aquella que no goza, como la prostituta, que a su vez representa el sacrilegio, la deshonra que se le impone al Bien. Permaneció solitario como un niño que se masturba, no dio nada.

Es un dandy que pretende entrar en una aristocracia cerrada, que se basa en dones celestes que ni el dinero ni el trabajo pueden conferir. Pero la revolución y el ascenso de la clase burguesa que se funde con el trabajo no tendrán un lugar para él, perezoso y parásito, cargado de deudas, que se niega a comprometerse en una acción común. El dandismo se manifestará en él al intentar atraer las miradas por su snobismo artificial: pelo teñido de verde o blusón de campesino sobre un frac. A veces tiene incluso apariencia de mujer, aunque no es homosexual o nunca lo manifestó De este modo desvía la atención sobre él mismo, se oculta tras esta apariencia y tras sus numerosos y frecuentes acompañantes. Su ocupación favorita es disfrazar su cuerpo, sus sentimientos y su vida.


Odia el progreso y su dimensión principal de la temporalidad es el pasado. A los veinte años ya lo había hecho todo y se vuelve hacia lo ya vivido, lo ya hecho. “Como era a los veinte años lo encontramos en vísperas de su muerte; está simplemente más sombrío, más nervioso, menos vivo; de su talento, de su admirable inteligencia sólo quedan recuerdos. Y esa es sin duda su singularidad, aquella diferencia que buscó hasta la muerte y que sólo podía manifestarse a los ojos de los demás (….) y las circunstancias casi abstractas de la experiencia le permitieron demostrar con brillo inigualable: la elección libre que el hombre hace de sí mismo se identifica absolutamente con lo que llamamos su destino”[2]

El poema "Himno a la belleza"


En mi obsesión por el proceso creativo es donde se halla la razón de mi elección de este poema de las Flores del mal, “Himno a la Belleza”. La Belleza y su búsqueda atormentan constantemente ese compartimento estanco que es el cerebro del poeta, que trata siempre de controlar sus pensamientos, pero nunca acaba de lograrlo completamente.

La personalidad retorcida, oscura y perversa de Baudelaire, pero a la vez desesperada y torturada, porque la búsqueda es eterna, al menos a sus ojos, y la necesidad de tener un concepto propio acerca del mundo y su motor, la belleza, lleva al autor a diferenciar el aspecto luminoso e idealista de su reverso fatal, de ese modo tan trágico, tan salvaje. No dejo de pensar en Poe, quizás mi poeta preferido, cuando lo leo: Ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar separarán jamás mi alma del alma de Annabel Lee”

La belleza, bajada del cielo o hija de los abismos, es el ídolo, la musa, la inspiración o el más cruel de los hechos, la categoría inaccesible, la más fría y perfecta crueldad de todas. Pertenece a ese lugar al que a veces no podemos siquiera mirar, o no nos atrevemos.

Todo este metadiscurso, por muy tonto que parezca, evoca en mi mente momentos pasados. Soy músico, y como artista siempre persigues ese grado de perfección, de belleza, adecuado a tu concepto propio acerca de las cosas. Es curioso y en última instancia inspirador, cómo dependiendo de la situación, tu grado de entusiasmo o, por el contrario, de desesperación (por supuesto también de tu estado de embriaguez) resaltan un aspecto u otro de la belleza. Por supuesto también es determinante la época de la vida en que te encuentras, siendo niño, siendo adulto, héroe o villano.

Me recuerda ciertos momentos, como cuando grabé un disco y mis pensamientos acerca de la luminosidad u oscuridad de su naturaleza me aturdían y hacían que me sintiera perdido constantemente, por no hablar de estados de ánimo. Las ideas en mi cabeza eran como castillos de los que me sentía orgulloso. En cambio, la primera impresión ante la realización de éstas fue penosa: el castillo transformado en ruinas tan crueles como la más terrible de las pesadillas. Me derrumbo. Durante ese periodo me sentía lamentable, patético y con la madurez de un niño de diez años. Pasado un tiempo, sólo un poco, te das cuenta de que eso es el producto de la inspiración, lo bello; esas ruinas son el resultado del talento, son la obra del artista. La belleza, “que como un perro el destino va pegado a sus faldas”.

Qué importa sufrir, qué importa que salga del cielo o del infierno, si sin ella no hay entusiasmo, es la que mantiene viva mi curiosidad, mi ansiedad, el amor. De Satán o de Dios la seguiré, pues con ella es menos ruin este mundo y este tiempo más leve. Me gustaría acabar con una frase de Blade Runner con la que el genio de la ingeniería genética, Tyrell, se dirige a su perfecta y bella creación, Roy : The light that burns twice as bright, burns half as long (…) and you have burned so very brighthy,Roy ( La luz que brilla el doble dura la mitad (…) y tú has brillado mucho, Roy. Tyrell. Blade Runner)

También me gustaría dejar una letra de una canción mía en la que hablo de mi visión acerca del tema:

Ayer no te encontré, amor,
más nada pude hacer,
bueno, la verdad, lloré.
Fue un mal día,
pero fue.
Virtud, luz, saber,
anhelos, quimeras y sueños,
vuestra ausencia es nuestro ocaso,
vuestra presencia es nuestro oriente.


Tiempos, tiempos, tiempos,
no sólo personas ni gentes,
también significan los tiempos,
Los grandes de revoluciones
y los tristes sin pasiones,
también significan los tiempos.


Ecos del pasado,
ninfas de la noche,
sexo en un coche
y nuestros besos robados.


Tiempos, tiempos, tiempos,
no sólo personas ni gentes,
también significan los tiempos,
Los grandes de revoluciones
y los tristes sin pasiones,
también significan los tiempos.

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