dimecres, 6 de gener de 2010

La vida en la época de Anne Hathaway


LAS MUJERES Y LOS NIÑOS....LOS ÚLTIMOS

Anne Hathaway era la mujer de William Shakespeare. Se casó a los 26 años, aunque lo normal era hacerlo a los 11 o 12. Para cualquier añorante del pasado es interesante acercarnos a los aspectos más cotidianos de la vida en 1500. El problema es que los textos de Historia nos cuentan los grandes acontecimientos, nos hablan de las guerras de los hombres, pero apenas nos hablan del día a día de los seres humanos.


Un amigo alemán me ha recomendado una página en la que se describe una porción de esta vida, tan alejada de la visión romántica que nos proporciona el cine, sobre las incomodidades del día a día de nuestros ancestros. LLegar al lugar en el que residimos ahora ha sido una cuestión de tiempo, de progreso y de lucha. Hoy comentaré un documento, pero hay miles de historias por contar que nos ejemplifican la afirmación anterior. Por ejemplo, en el siglo XVIII las mujeres comían en el suelo, mientras los hombres lo hacían en las sillas.

He entresacado las ideas básicas del documento que podéis consultar en inglés en la siguiente URL, The life in the 1500´s , a las que he añadido un comentario sobre situaciones parecidas en otras partes del viejo continente.

¿Por qué llevaban las novias ramos de flores? En principio, se casaban en junio porque en mayo tomaban su baño y aún olían bien al mes siguiente. Las flores servían para disimular el mal olor corporal. Enrique IV de Francia solo se lavó una vez en la vida y su mujer estuvo a punto de desmayarse el día de su boda. Sus amantes solo tenían un camino, soportarlo. Porque ya se sabe y siempre se ha dicho "El hombre como el oso, cuanto más feo - o sucio- más hermoso".


¿Cómo se bañaban los coetáneos de Anne? Pues en una bañera con agua caliente y por oden: primero los hombres, después las mujeres y al final los niños. En el agua más sucia, los bebés. Parece ser que eso de cuidar de los retoños es algo bastante reciente. No os creais que siempre han sido los padres tan cuidadosos con sus hijos. Esto son cosas del progreso. Antes de las Navidades, en una visita histórica-artística por la ciudad con mis alumn@s, uno de ellos me recordó la historia de "la cotorra del mercat". Es una historia cierta y yo he tenido como alumna a una descendiente de uno de estos niños. Parece ser que los padres en siglos anteriores, cuando los niños habían crecido y ya no los podían mantener, los llevaban al mercado central y les decían que miraran a la cotorra (la cotorra es la veleta que se encuentra en la cúpula del mercado). Cuando los niños miraban hasta encontrarla, los padres aprovechaban para irse y abandonarlos hasta que algún comerciante de la zona los recogía como aprendices de sus establecimientos.


El origen del dosel sobre la cama. Los tejados de las casas eran de paja, sin madera. En los mismos se acomodaban los gatos, los insectos o las ratas. Cuando llovía se colaban por el techo y caían sobre las camas. De ahí que idearan un sistema para evitarlo: sobre cuatro palos fijados en los cuatro ángulos de la cama colocaron una tela para poder dormir tranquilos.


¿Cómo cocinaban y qué comían? Una olla grande colgaba todo el día sobre el fuego. Comían el estofado y el resto quedaba en el caldo. Cada día se le añadían cosas, verduras sobre todo...y así hasta nueve días....No os creais, había muchas intoxicaciones y por supuesto muertes.


El pan se dividía en partes: la más dura-la de abajo, la corteza- para los trabajadores, la del medio para la familia y la superior para los invitados y en general para las clases altas. Y ya sabéis, los mendrugos...para los pobres. Es muy interesante ver como nos lo muestra el director de la película "El nombre de la rosa", cuando la iglesia tira todos los desperdicios a los pobres que esperan fuera del monasterio. Era lo mismo que si tirásemos la basura por la ventana y en la calle esperaran los hambrientos para comer estos restos.

La cerveza y el alcohol se servía en vasos de plomo. Esta aleación unida al alcohol producía grandes borracheras y no era extraño encontrarse a muchos hombres tirados por el suelo de las calles. La costumbre era llevarlos a casa, tumbarlos y esperar varios días para ver si estaban muertos o si se despertaban. Enterraban tantos muertos, que cuando abrían las fosas para reutilizar los ataudes comprobaban que 1 de cada 25 había sido enterrado vivo. En Suecia era tal la suciedad y el alcoholismo que los partidos socialdemócratas controlaron la producción y venta del alcohol. Aún hoy día se venden estos productos en tiendas estatales.

Aunque lo expuesto hasta ahora nos pueda parecer bastante asqueroso, era verdad. Y hay historias mucho más repelentes respecto a las costumbres de nuestros antepasados que no quiero exponer aquí a menos que pueda documentarlo adecuadamente. Pero los hechos los conozco. Por ejemplo, ¿sabéis con qué se limpiaban los dientes los romanos? Pues buscadlo en Internet que vais a flipar.

Viendo una película de principios del siglo XX en la que aparecen dos presos con trajes de rayas y bolas pendientes de grilletes atados a los pies, no puedo menos que pensar que a los seres humanos del siglo XXI esta imagen nos repugnaría.

Existe el progreso humano, aunque todavía queden muchos restos del pasado. Y lo mismo sucede con la vida de las mujeres. Otro día buscaré situaciones del pasado que hoy nos resultarían de todo punto inadmisibles. Y no estoy hablando de poner la lavadora.

Colaboración de GEOGRÁFICA






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