diumenge, 20 de desembre de 2009

Cine hecho por mujeres II. El erizo




La guarida secreta del erizo

El erizo, adaptación hecha por Mona Achache del best-seller de Muriel Barbery, es una reflexión sobre el cine hecha desde el propio cine, crónica de la realidad realizada por el objetivo de una cámara, sustitutiva del ojo humano. A través de esta máquina, que maneja una niña de once años, Paloma, penetramos en un hogar burgués, residencia de un ex-ministro socialista, en el que impera la competencia más cruel por alcanzar y mantener su estatus, así como en el habitaculo de una portera, Reneé, que desde el escalón social más bajo, aprehende la vida a través de su música, sus libros y sus películas. La intervención de un nuevo inquilino japonés, Kakuro Ozu, de una cultura reflexiva, sensible y observadora, que ve más que mira, conducirá al narrador a observar a una mujer aparentemente vulgar, descuidada e invisible para los habitantes del elegante y selecto edificio de la rue Grenell del barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés, visto por algunos como el cuarto protagonista.

Pero, a su vez, él no escapará de la mirada de ese narrador omnipresente que es la cámara, que nos muestra el lujo minimalista de que se rodea, emblematizado por dos gatos gemelos, exóticos, que contrastan con el animal callejero de la portera, que luce el pomposo nombre de León, en honor a Tolstoi, al que ama su dueña. Incluso roza el ridículo ese inodoro, que cuando es usado, nos deleita con música de Mozart.

Las víctimas más relevantes de esta organización social capitalista y de consumo son, paradójicamente, la niña y su madre. Paloma proyecta rodar un film antes de cumplir doce años, momento en el que piensa poner fin a su vida mediante el uso de fármacos, que poco a poco sustrae a su madre. Le aterra acabar como el pez rojo de su hermana, atrapado en un recipiente de cristal sin escapatoria posible, única experiencia vital que conoce; su madre vive apoyada en un psicoanalista que, durante años, le proporciona drogas, que ni siquiera le hacen soportable la existencia, con paliativos que ella misma se administra como cuidar y hablar cotidianamente con las plantas. La niña se esconderá constantemente y filmará todo lo que ve, medio oculta, hasta que encuentre el refugio perfecto en el rincón de la portera, que nadie en su casa sabe siquiera cómo se llama. La hermana está colocada ya en la senda de un destino correcto pero inánime.

No se puede deducir de ésto que Reneé es una persona plenamente feliz,ya que se refugia en cosas que le estimulan, (es capaz de pasarse la noche en vela leyendo), pero que sabe que otros mundos le están vedados, y en absoluto ignora la discriminación social que le espera fuera de su caparazón; llega a temer incluso la exclusión, que supone la pérdida de su empleo, si se llega a conocer su formación cultural.Se retrata ante la niña como una persona sin estudios e ignorante.

La narración cae en dos errores destacables, que cometen la escritora y posteriormente la guionista, que ven la historia como un cuento de hadas, aunque los cuentos todos tienen moraleja. En primer lugar la niña , a pesar de ser superdotada, es portadora de una experiencia vital imposible a su edad, por mucho que hubiera leído. Sus reflexiones, casi de vieja, se materializan en expresiones como que la Iglesia y el Psicoanálisis tienen en común el que ambas adoran un dolor duradero, o que la portera es como un erizo, por fuera cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero por dentro de un refinamiento elegante y sencillo. Los erizos son animales falsamente indolentes, solitarios y muy elegantes. Además, Paloma, está dotada de otras muchas cualidades: dibuja como un experimentado profesional, hace cuentos cinéticos (otra referencia al cine)...

Pero lo que menos me gusta es que se elimine a la portera justo en el momento en que la Fortuna, por primera vez en su vida llama a su puerta. La niña, con un planteamiento muy burgués, dice: "Lo importante no es morir sino qué haces cuando te mueres" y Reneé está viviendo la experiencia maravillosa del amor.Pero este final es un recurso fácil para mantener el tono romántico y evitar todo conflicto social: no se puede asumir socialmente la relación entre una portera y un inquilino rico.En este caso abandonaríamos el cuento de hadas y entraríamos en un relato social duro.

Cuando Paloma le dice a Reneé que de mayor quiere ser portera, ésta, que es una mujer culta y experimentada, después de transitar por este mundo durante cincuenta años, le contesta: "Tú serás una princesa". El destino, en una sociedad teóricamente abierta como la nuestra pero de dificil tránsito entre las clases, aparece inalterable y sólo posibilita la continuidad de la experiencia vital de la portera, permaneciendo cada uno en su sitio. Esta contuinuidad está simbolizada por la entrega que Kakuro Ozu hace a la niña de dos tomos de una edición exquisita de Anna Karenina de Tolstoi, que le había regalado a Reneé. ¡Que no se apague la luz!

La niña abandonará sus intentos suicidas y se enriquecerá con las experiencias vitales de la portera, que con una sabiduría digna de encomio siempre había procurado mantenerse oculta al vecindario, como la niña mientras filmaba,preservando de este modo su integridad en ese refugio, que a Paloma le parece, desde la abundancia, perfecto. Es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Se han visto reflexiones acerca del cine desde el cine mejores, como La ventana indiscreta de Hitchcock o La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen.

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