dilluns, 21 de juny de 2010

Mujeres directoras. Cassandra Nicolaou


La canadiense Nicolaou realiza en 2004 un film fallidao y retorcido, en la que dos adolescentes secuestran a una mujer, Sarah, que aunque técnicamente no está mal resuelta, falla estrepitosamente en la representación de una historia y unos personajes nada verosímiles. Parte de una tautología: Hay dos tipos de personas, unas que secuestran y otras que precisan ser rescatadas.

Los adolescentes, especialmente la chica, menor de edad, son de una insensibilidad y crueldad indescriptible; él tiene antecedentes penales. La acción se produce en una cabaña, donde Sarah es atada, sin posibilidad de realizar sus necesidades biológicas con dignidad, hasta que en un momento determinado consigue escapar; sin explicación posible a la mañana siguiente reaparece en el lugar, donde los jóvenes se recuperan de un uso abusivo de drogas y alcohol, pero desde ese momento todo cambia y la situación va derivando hacia un dominio incomprensible de la situación por parte de la mujer madura, y se van revelando deseos y recuerdos (lesbianismo en las mujeres, accidentes de tráfico...) hasta que la llegada de un intruso acaba en tragedia, al ser asesinado por el chico, que no se sabe por qué tipo de impulsos se suicidará ahogándose en el lago. Sarah confiaba en su sensibilidad femenina para redimir a los dos chicos.

El resultado es lamentable, lleno de tópicos y de recursos fílmicos fallidos, como el uso de la cámara para constatar la realidad de los hechos representados. De forma rocambolesca la cabaña en la que se producen los hechos es propiedad de Sarah, no hay que preguntarse por qué. Da la impresión que el el film ha sido realizado por un enemigo del género femenino.

Esta película marca la diferencia entre la búsqueda de un modo de representación alternativo y digno y un panfleto incoherente y carente de sentido, en la que la chica ve en la mujer a su madre, muerta en accidente, pero también a la amante; la figura paterna, representante máximo de la sociedad patriarcal, s la causante del la desgracia, al conducir el coche siniestrado en estado de embriaguez. Ni tan siquiera puede englobarse en la corriente sucia de Despentes, agresiva pero eficiente. Aquí se mezcla el lujo (tarjetas de crédito, relojes Cartier, sedán...) con jóvenes demasiado asimilables a los que pueblan un centro educativo, que a pesar de la oscuridad de sus vidas, tienen una apariencia pija aunque travestida de vanguardismo, sin llegar al look siniestro. Todos guapísimos de la muerte. Huir.



Como se puede ver en el vídeo, el puritanismo norteamericano saca todas las cosas de quicio, como esta realizadora que crea unos chicos desorientados, pero buenos en el fondo, que por una serie de acontecimientos fortuitos acaban cometiendo un crimen ¿será por los pantalones caidos y el panuelo en la cabeza ? La pija (pero moderna y lesbiana) intenta salvarlos pero fracasa en su intención redentora. En la escena final regala su rfeloj Cartier a la joven adolescente. Ha sido un constante histórica el intento de los jóvenes de marcar diferencias generacionales con sus padres, que la mayoría de las veces se ha manifestado en la forma de vestir o peinarse; incluso el joven Julio César portaba el cinturón descolgado y con apariencia desaliñada ante la perplejidad de sus mayores.

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