diumenge, 20 de juny de 2010

Crónica de un engaño. Richard Eyre





Richard Eyre lleva a la pantalla una película curiosa, entretenida, bien ejecutada, Crónica de un engaño, cuyo título original The oder man, refleja mejor lo que el autor nos quiere transmitir.

Lo mejor del film es la constatación en la representación de las cuotas de igualdad que la mujer ha alcanzado, de facto, en la sociedad: ahora es ella la que lleva una doble vida prolongada durante doce años, en un contexto patriarcal, disimulado por la buena educación de la clase burguesa ilustrada a la que pertenece. Inmersos en el amor romántico, un matrimonio lleva una vida feliz, hasta que el marido, Peter (Leam Neeson), descubre que ella, Lisa (Laura Linney), diseñadora célebre de zapatos, envés de Hadaly, tiene un amante , Ralph (Antonio Banderas) con el que ha compartido al menos la mitad del tiempo en que ha vivido con él.

La dignidad masculina de Peter, acorde con los roles del buen amor ("llamado mal amor, por Maite Sarrió Catalá ), le llevan a buscar al hombre y ejercer la justicia de su amor propio herido. Apoyándose en los recursos que pone a su alcance la sociedad del conocimiento, que va dejando rastos en teléfonos móviles y ordenadores (Appel-Mac, como corresponde a una familia de su estatus) encuentra en Milán a su enemigo y oponente. Su hija, Abigail (Romola Garai) actuará de intermediaria entre los dos hombres de su madre.

¿Qué encuentra ? Un pobre hombre ridículo, que se hace llamar Reif (de Ralph), portero de una finca, encantador de serpientes, cuidador de tortugas, y amador de las mujeres, pero, en el fondo, desempoderado por su pobreza y lo que es peor, oriundo de un país que forma parte del grupo que los ingleses llaman pigs, es decir, español. La cámara refuerza la desigualdad económica de ambos hombres, engrandeciendo, con un ligero contrapicado al protagonista, ya de por sí de mayor envergadura que Antonio Banderas, y reduciendo humillantemente la figura de un remilgado, engominado y farsante oponente. En las salas españolas, algun@ se removía incómodo en su butaca.

Una gran elipsis esconde el resultado final, que apunta sutilmente al principio, y mediante un bucle da cuenta al espectador de lo que le ha escondido en la producción diegética y su efecto en el receptor hasta ese momento. Entonces detectas algun momento injustificadamente histriónico, que tenía encaje sin el desenlace de la historia. A pesar de todo el film es correcto en su ejecución y nos muestra la ciudad de Milán, un desastre urbanístico debido a la especulaciín, sin que falte el paseo de rigor por las inmediaciones de la catedral y las Galerias Vittorio Emanuele, lo mejor de la urbe.



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