dissabte, 31 de juliol de 2010

John Carpenter. ¡Cuentos chinos!


En otra noche más del verano mortífero del año 2010, en el que se me licúa el cerebro y apenas puedo pensar, me ha caido en las manos una peli de aventuras de John Carpenter, este sádico que te permite pasar un buen rato, a la vez que te enseña una forma diferente de interpretar la vida. Recordamos que le encantan los rebeldes, los forajidos y los antihéroes que desafían la autoridad; en Golpe en la pequeña china esta faceta ácrata de su talento la estira tanto que realiza una parodia desternillante de un hombre, Jack Burton, encarnado por su actor fetiche Kurt Russell, que se ve envuelto en ' líos' que le obligan a actuar como un héroe, sin tener ni siquiera conciencia de qué es eso.

Jack Burton, un camionero que tiene una radio a la que llama Pork-Chop Express, desde la que emite en la carretera para distraerse, tras dejar su carga en el barrio chino de California y jugar con un amigo, Wang Chi, y ganarle una pequeña fortuna, decide acompañarlo, antes de cobrar, al aeropuerto para recoger a su novia, Miao Yim, china de ojos verdes, rara avis; en el aeropuerto una joven abogada, también de ojos verdes, espera a otra muchacha de la misma procedencia, sin que se expliquen los motivos. Una y otra están dotadas de la cualidad de sermiradaidad y cumplen la función escópica de satisfacer el voyeurismo del espectador.

En realidad todo es muy simple: una trama de trata de blancas, al servicio del llamado Lo Pan, Director del Banco Central de Oriente y de una de las multinacionales más importantes que operan en California, un viejo verde que confía en rejuvenecer si se empareja con una bonita muchacha de ojos verdes, secuestra a las jóvenes que llegan a esta zona de Norteamérica. Una de las secuencias que recoge mejor el espíritu anarquista de Carpenter se produce, cuando en la persecución de los delincuentes que han secuestrado a Miao Yim, se adentran en las zonas oscuras del barrio chino, y se ven en medio de una trifulca entre bandas rivales que se produce en torno al camión, y en la que sin pretenderlo se ve involucrado el 'descerebrado' de Jack Burton. Luchas marciales, odios ancestrales, miradas cargadas de rencor, que en una ocasión he podido ver en la vida real, envuelven al desprevenido camionero, que no es consciente de los embrollos en que se mete.

A partir de aquí se produce un caos que precede al orden, que según Egg Shen (guía turístico y experto en magia negra), preside el alma china en la que se mezclan el budismo, el confucionismo, el taoismo y brujerías mil, que existen para amargar la vida de los demás, En un totum revolutum aparecen espíritus, malditos por el primer emperador chino, como Lo Pan, tres guerreros ridículos que emiten corrientes eléctricas, - los Tres Tormentos-, señores de la muerte, humos verdes, hombres volando, sangre negra de la tierra, derramada por gente despiadada, pócimas mágicas como las de Panoramix...Cuando el descreido y simple protagonista comenta irónicamente: ¡Cuentos chinos!, el sabio oriental le responde que él no ha sido traido al mundo para entender. Verdaderamente no entiende nada, no sabe disparar las armas, cae en todas las trampas, incluida la atracción sexual que ejerce sobre él la 'picapleitos'; tampoco salva a los periodistas, representados por otra mujer, que siempre están a punto para captar con su cámara, como describía Arturo Pérez Reverte en Territorio Comanche, el momento más trágico y morboso con intereses venales. Bandera americana, plumas del ala del aguila de la libertad...todo entra en la misma centrifugadora.

Y en esta noche de transición entre julio y agosto, en que los medios anuncian la misma estresante salida masiva de vehículos hacia las carreteras, a gozar de sus bien merecidas vacaciones en playas, montañas, paises exóticos, en medio de la crisis más importante que ha conocido el mundo globalmente, yo me hago la misma reflexión que Carpenter: ¡Cuentos chinos! Pero, ¿Qué pasa?

La economía no tiene rostro humano, lo importante son las estadísticas, que el número de reservas en los hoteles, el consumo en bares y restaurantes y otros lugares de ocio no decaiga. No importa quien paga la factura. Mientras muchos nos quedamos en las ciudades, sudando, dándole al teclado en el mismo piso de siempre y temiéndonos lo peor: que todos los periodistas, tertulianos y demás fauna, bronceados, descansados, que han abandonado la guardia de los intereses patrios a pobres becarios, que hacen lo que pueden, volverán a recordarnos que el infierno existe, que debemos apretarnos el cinturón, que nos debían haber recortado los sueldos antes y todas esas zarandajas que ya no queremos ni escuchar. Como ya estamos acostumbrados, seguiremos viendo cine, leyendo libros y aprendiendo de aquelloos que tienen algo importante que decir, aunque sea en clave de humor. ¡Ah! se me olvidaba: como el protagonista del film, seguiremos nuestro camino sólos, sin mochilas, con libertad para desarrollar nuestros hobbies, hasta que nos dejen.

¡Gracias John Carpenter, por la noche divertida que me has hecho pasar! No hemos tenido que soportar a hombres poderosos que actúan con desenvoltura en conflictos masculinos, sino que contradicen esa imagen convencional y, aunque los presenta en medio de batallas campales, como a ellas, se mueve con gran torpeza y falta de reflejos total; los guerreros asiáticos sufren el mismo desgaste que él, y, aunque son hábiles en el uso de las armas, sus volteretas exageradas, captadas por el ojo de la cámara como inverosímiles, entrando y saliendo en campo volando, resultan igualmente ridiculizados.

Tampoco las mujeres salen bien paradas, a excepción de la guapísima Miao, por la que todos suspiran y que nunca habla en la película, aunque todo gira en torno a ella.









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