dijous, 15 d’abril de 2010

La II República española y las mujeres II.


Continuamos con el artículo de Danièle Bussy: Mujeres de España: de la República al Franquismo, comentando los avances republicanos en cuanto a las reivindicaciones femeninas.
En España, la corriente de pensamiento democrático siempre había incluído un cierto número de reivindicaciones a favor de las mujeres. Así, era unánime la denuncia de la situación conyugal y sexual: multitud de ensayos protestaban contra la desigualdad cultural y jurídica entre los esposos, las elevadas tasas de natalidad que acarreaban la mayor tasa de mortalidad infantil de Europa, la tolerancia ante el adulterio del marido, una elevada proporción de hijos ilegítimos, una prostitución importante y la frecuencia de enfermedades venéreas. Los médicos y los juristas antimonárquicos exigían la reforma de los códigos y progresos médicos ( protección de la madre, certificado prenupcial). El divorcio, en general, se consideraba una reivindicación razonable, aun cuando muchos de los hombres de “psique avanzada”, como se decía a la sazón, temieran que las costumbres españolas se inclinaran por el repudio al estilo oriental. En el seno del movimiento obrero, el partido socialista daba prioridad a la abolición de la prostitución; en cuanto a los anarquistas, que en España constituían una tendencia importantísima, pero que debido a su oposición al Estado, se hallaban al margen del movimiento de preparación de la República, luchaban por el reconocimiento del amor libre y el desarrollo de métodos anticonceptivos y mantenían una incesante lucha sindical.
¿ Contribuyeron las mujeres al progreso de las reivindicaciones? En la cotidianidad del mundo del trabajo están presentes y a menudo son activas en la vida sindical, pero sólo unas pocas personalidades salen a la luz. En 1919, Margarita Nelken realiza un severísimo análisis de la situación del trabajo femenino y denuncia los partos en la fábrica, la esclavitud del trabajo a domicilio y la falta de respeto a las leyes aprobadas, lo que la OIT repetirá en sus decisiones a partir de 1920. Pero las mujeres más próximas a los ensayistas prerrepublicanos son funcionarias, en su mayoría docentes-un decreto de 1918 preconizaba el acceso de mujeres a ciertas profesiones- y las escasísimas periodistas que había por entonces. Si se exceptúan las posiciones individuales, las mujeres comienzan a agruparse en la segunda década del siglo: los vínculos que se establecen a partir de 1915 con la Women’s League for Peace and Freedom, la creación de la Association nationale des femmes (ANME) en 1918 y de otros grupos feministas que se expresan en una prensa específica; para ellas, los temas prioritarios son el voto, la abolición de la prostitución, el desarrollo de la cultura y la refundición de los códigos. Por el contrario, el movimiento obrero se muestra reservado en lo relativo al voto, que se tiene por una exigencia burguesa, mientras que las feministas, al igual que los ensayistas varones, parecen temer el divorcio.
La voluntad de reparar las injusticias de la monarquía se traduce en una serie de decretos ( del 8 al 26 de mayo de 1931) en los que el Gobierno Provisional se interesa por “ la suerte de las mujeres”, como por la de los campesinos; de ahí que las mujeres sean elegibles, decisión libre de riesgos, pues sólo se podrá elegir mujeres cualificadas y, por tanto, excepcionales. Además las mujeres se benefician del seguro de maternidad, preparado desde hacia mucho tiempo por los socialistas. Los meses de abril y mayo son los meses de la fiesta republicana, de los gorros frigios, de los desfiles tricolores, de las revistas musicales, de la elección de “ Miss República”; la generosidad de los primeros decretos participa de la misma alegría.
Las mujeres, con ocasión de conferencias y mítines entusiastas, recuerdan que el voto también es una urgencia. Sin embargo, tendrán que esperar al 1 de octubre y la aprobación, tras difíciles debates del artículo 34 de la Constitución. En efecto, si ellas votan, las españolas constituirían más de la mitad del cuerpo electoral, y entonces la generosidad deja paso a la inquietud: para los radicales, las mujeres están sometidas al cura, y lo mismo piensan muchos socialistas; por otra parte, buena cantidad de republicanos mantienen actitudes misóginas.
A este respecto será decisivo el enfrentamiento histórico de dos mujeres entonces diputadas: por una parte, la abogada radical-socialista Victoria Kent y, por otra, la abogada radical Clara Campoamor, las primeras mujeres que accedieron al foro de Madrid. Se enfrentan con apasionamiento: Victoria Kent aboga por la postergación de la aplicación del ideal, mientras que Clara Campoamor reivindica con ardor la igualdad. Esta última termina imponiéndose para gran alegría de las feministas.
En su deseo de europeizar a España, el joven parlamento proseguirá la “ redención femenina”, mediante la reforma de la familia. Tras largas discusiones, se reconoce el matrimonio civil y se instaura el divorcio ( artículo 41 de la Constitución de diciembre de 1931 y ley de 2 de marzo de 1932).



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