diumenge, 18 d’abril de 2010

Fin de la era de las supermodelos


La era de las top models ha llegado a su fin, de lo que nos congratulamos. No es que no terngamos en cuenta los aspectos creativos de la moda y la continua investigación en torno a la forma, colores, tejidos, que favorecen la imaginación y el nacimiento de una experiencia vicaria que permite que la mass media, que jamás accederá a ciertos objetos, disfrute con su observación del privilegio de unos pocos. De hecho y, por muy superficial que parezca, los vaqueros contribuyeron a debilitar el régimen comunista de la unión soviética. Las investigaciones de los implicados en esta industria extienden sus tentáculos al pret a porter y la moda pronta, de la que sí se benefician las masas.

Pero también el espectáculo que conlleva ha tenido consecuencias muy negativas en todas las jóvenes del mundo, que, negándose a crecer han tratado de enfundarse en tallas de niña, cuando ya desarrollaban formas de mujer, apareciendo enfermedades serias como la anorexia y la bulimia, que a muchas de ellas les ha costado la vida y que ha llevado la tragedia a los hogares. Todo ello sazonado con las grandes mentiras de la publicidad que nos venden elixires de eterna juventud, cremas de oro y todas las fantasías imaginables para acceder al panteón de las diosas; los traumatatólogos, dermatólogos y otros especialistas conocen las consecuencias de tacones deformantes de los pies, manchas peligrosas de la piel y un largo etcétera de problemas. Además la divinización de las top ha producido un divorcio claro entre la industria y el interés general, (la mayoría de las mujeres, a las que se intenta atraer, ni tienen ni quieren tener este aspecto).

Si las modelos actuales pasan a ser perfectas desconocidas y a desarrollar un trabajo de exhibición de las nuevas creaciones, y no a ser las representantes de la belleza absoluta de forma universal, creo que habremos dado un paso adelante en la liberación intelectual de las mujeres, cada vez más defensoras de su derecho a moverse sin impedimentos, como los hombres. El blackstage glamuroso no tiene nada que ver con los objetivos de la industria, pues lo que se vende no es ilusión, aunque un poco sí, sino ropa, calzado, cremas...y el verdadero negocio está en las masas, no en las jóvenes sin poder adquisitivo pero muy fáciles de seducir por las imágenes de fotógrafos y publicistas; después lo que compran es moda pronta.






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