divendres, 2 d’abril de 2010

El aborto, una obligación económica.


Una cosa es la grandilocuencia de las palabras, otra la sordidez de los hechos. Un empresario mejicano ha sido condenado a diecinueve meses de cárcel por dar un ultimatum a una empleada embarazada: o el aborto o el despido. La joven no se arrugó, se fue a la calle y lo denunció.

Sería muy interesante que se denunciara todas las presiones que sufren las mujeres para tomar una decisión tan importante para ellas y sus hijos, y que toda la porquería pudiera salir a flote. Muchos se avergonzarían y quitarían sus manos de los hombros de las que deben sufrir estas vejaciones por el simple hecho de parir. Los observatorios sobre violencia, entre ellos el dirigido por el Profesor Neira, deberían estar atentos a estos chantajes.


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