diumenge, 14 de febrer de 2010

Rob Marshall. Nine versus Chicago


Si hubiera que calificar el film de Marsahall no sería como musical, sino como un drama con algunas piezas musicales, con letras un poco tontas y muy pretenciosas, en las que se cita a Proust, Miguel Ángel...Comienza como una pieza de Brodway que promete más de lo que va a ofrecer, en algo que para los redactores de Cahiers de Cinema " (...) se parece a una partida de ese juego que se conoce como el de las películas".
Pero lo peor de todo es la comparación con su referente, Felini 8 y 1/2; ahora Guido Contini(Daniel Day-Lewis) aparece como un ser atormentado, con un complejo freudiano de Edipo, buscando un tiempo perdido y evocando a una madre (Sophia Loren) que le lleva de la mano de niño; la presencia de los curas y las amantes está desprovista de toda pulsión, ya sea física, emocional o creadora; incluso la elección de las mujeres es desafortunada: una Claudia Cardinale (Nicole Kidman) que se ve obligado a transformar en la Anita Ekberg (grande y exhuberante) de La dolce vita (con fuente incluida, no la de Trevi, pero fuente), una Penélope Cruz, que está espectacular en su número músico/circense, pero que se hunde en la emulación de la amante de Contini ( papel más apropiado para una Shirley Whinter), una esposa, Luisa (Marion Cotillard) que más que el personaje que encarnaba Anouk Aimeé, recuerda la Maria de West side story. Incluso Roma, ya no es Roma, si no se viera el Coliseo u otros monumentos de la ciudad eterna.
La diferencia del Guido/Marshall y el Guido/Fellini es que éste último es un amoral, iconoclasta y cínico, un hombre que usa a las mujeres a su conveniencia, que, incluso, cuando se siente bloqueado intelectualmente, intenta huir por debajo de la mesa en la que están todos comiendo, como si fuera un niño, y que despierta y se pone en acción cuando el crítico de cine le pone delante del espejo y le muestra el camino, que no es otro que abandonar cuando no se tiene nada que decir. La madre, cuando Guido le pide ayuda, le abandona y va detrás de su marido. La música de Nino Rota es incomparable, y respecto a la Iglesia, cuya educación ha sufrido, sólo tiene que poner a unos cuantos de sus representantes en escena, y lo hace de tal manera que no hace falta decir nada para comprenderlo todo. Fellini es más liviano y a la vez más profundo, se ríe de sí mismo, de Italia, de los críticos, los actores, las mujeres, y a la vez te hace sentirlos a todos ellos como un conjunto digno de ser amado. Y ¡qué decir del Contini/Masttroiani y el Contini/Daniel Day-Lewis!
Las mujerers de Fellini no son mártires que se intentan quitar la vida; él las usa, pero ellas lo usan a él, en todos los sentidos. Son inteligentes, dignas, altivas, bellas, incluso en el ocaso de su madurez. Claudia es una diosa y la madre, antes que madre es mujer. Nada que ver con una amante que se arrastra, con una esposa que llora como una niña y con una madre sobreprotectora.
Creo incluso que ese tono liviano a la vez que crítico, esa Italia libertina bajo la bota del Vaticano, hubiera sido un tono más adecuado para un musical que ese tinte existencialista y freudiano que ha querido, a mi modo de ver, dar a su obra Rob Marsahall con una gran dosis de arrogancia y pretenciosidad.
Fernando Bernal afirma que "Rob Marshall, en teoría uno de los renovadores del género (musical, se entiende) abre las puertas al homenaje a un maestro del cine y observa con más rigor las normas del drama que la espectacularidad propia de Broadway. De este modo, la película, en lugar de Nine, podría llamarse a manera de acertijo Fllini/Contini. Un juego de palabras que se puede disfrutar de manera íntima, pero que no tiene el ritmo frenético que se le supone a un musical"
Quizás he visto este film con unos ojos poco inocentes, contaminados con la imagen de mi obra favorita de Fellini y de un país que admiro profundamente, a pesar de sus intensas contradicciones, mosaico de curas, belinas, comunistas, desmesura, deformidad...y todos esos personajes que pueblan el universo del autor. Es esa alma italiana la que no ha sabido captar Rob Marshall.









Por el contrario en Chicago Rob Marshall se desenvuelve con más soltura, con una historia genuinamente americana, en la que las dos protagonistas, Miss Kelly (Catherine Zeta-Jones ) y Roxie (Renée Zellweger), encarnan a dos asesinas que intentan sacar provecho de la notoriedad que les da la prensa amarilla, con el apoyo de un abogado de moda , Billy Flynn (Richard Gere) y una funcionaria de prisiones corrupta, Morton. Cuando salgan de la cárcel obtendrán el éxito más clamoroso en un musical en el que representan a dos pistoleras. Este es un musical, te guste o no.



En este mundo corrupto de Chicago, la única mujer inocente,no por casualidad emigrante del Este de Europa, es la única que ejecutan.

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