dijous, 11 de febrer de 2010

David Lynch: Inland Empire


Inland Empire, film en torno a unas mujeres, ha sido calificada de forma radical desde las diferentes ópticas de la crítica cinematográfica: pèlícula infumable, texto inconexo, onírico, asfixiante. totémico carnaval de almas, libérrima oda faustina, obra plástica de linealidad casual...Jordi Costa dice de ella: "Lynch cumple el sueño de los surrealistas: lograr que el inconsciente doblegue de una vez por todas a la narrativa convencional. Aquí está la primera obra maestra del poscine".
Es una obra sin guión, las escenas se escribían justo antes de filmarlas. El origen no está en una historia sino en un sonido Inlan Empires. Por otro lado abandona la cámara de 35 mm y la sustituye por una Sony PD-150 digital, lo que supone un sacrilegio para los adalides del cine pseudo documental, que no han sabido ver las posibilidades formales del nuevo soporte en manos de un gran creador.
El film forma parte, junto con Lost Highway (Carretera perdida, 1997) y Mulholland drive de una interesante trilogía y se inscribe en un contexto intelectual en el que representantes de diferentes artes plásticas intentan penetrar en la psique colectiva a partir de la desmesura y lo sórdido, como:
- Margaret Keane, pintora, cuyas obras son de un feísmo estrermecedor:









- David LaChapelle que captaba atmósferas malsanas a partir de un Kitsch desmedido.





Inland Empire arranca con una historia lineal, en la que una actriz Nikki Grace ( Laura Dern) es contratada para hacer el papel protagonista en una película, Flotando en mañanas tristes, que en realidad es un remake de una obra polaca inconclusa , 47, porque durante su rodaje murieron sus principales personajes asesinados, según les cuenta el director (Jeremi Airons); parece que progresivamente se va enamorando de su partenaire Devon Berk/Billi Side ( Justin Theroux). Pero, ya desde el principio se abre una ventana a múltiples posibilidades, cuando una extraña vecina se presenta a Nikki y le narra un pequeño cuento: "Un muchacho fue a jugar y cuando abrió la puerta vio el mundo, pero al salir al otro lado generó un reflejo, el mal cobró vida y siguió al muchacho, Y ahora la versión femenina: Una muchacha salió a jugar, sola,como a medio nacer, en el centro de un mercado; pero no era dentro del mercado sino en el callejón de detrás del mercado: ese es el camino del palacio..." Este es el marco de la imagen de la realidad, ficción, recuerdo dentro del recuerdo... que Lynch va a pintar.
Su obra es un ejercicio de introspección, de desgaste de la riqueza y la fama y del reverso que de ella nos puede devolver nuestra condición de espejo deformante. Una aguja sobre un disco de vinilo, que nos devuelve el sonido que siempre acompaña a la música, pero sin música, mientras un voz en off dice: " La canción que más tiempo lleva sonando en la historia de la radio Un día gris de invierno en un viejo hotel. A continuación una pareja con la cara borrada por una nube de desenfoque que entra en una habitación del hotel.
A partir de este momento todo se mezcla, lo real, lo virtual, lo cinematográfico, los recuerdos, en espacios contiguos que representan diversas historias en diferentes lugares y tiempos ( pasado, presente, futuro), que se confunden constantemente. Ante una TV una mujer llora viendo una sitcom protagonizada por hombres con cabeza de conejo, que esperan a la protagonista en este lugar de ambigüedad. Ambas mujeres, Nikki y la protagonista de la versión polaca acaban deseándose mutuamente, después de analizar muy críticamente ese mundo dominado por los hombres, esa sociedad patriarcal que llega a lanzarlas incluso a la prostitución y la miseria.




En el plano virtual del film Nikki/Susane, famosa estrerlla y rica mujer cae asesinada por otra mujer, que dice haber sido hipnotizada para cometer esta acción, precisamente en la vía de las estrellas de Hollywood, delante de la de Dorothy Lamour, y muere rodeada de gente sin techo, indiferente a su tragedia, que ha perdido la capacidad de conmoverse con el dolor ajeno al no tener ya apenas espacio para soportar el propio.
Carlos Losilla (Cahiers de Cinema, febrero de 2010) dice que "(...) la película de Lyncn...rehúsa perseguir cualquier tipo de perfección o modelo de belleza ideal para dar por terminadas las especulaciones sobre la muerte del cine y proponer una incesante transformación como única posibilidad viable"

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