dissabte, 6 de febrer de 2010

Ingmar Bergman V. Pasión

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Se nos llena la boca hablando de libertad, pero no creo que exista, es sólo una droga que usan los humillados para poderlo soportar.
ANDREAS
Si hay una película cuyo personaje principal sea el autor con sus temores y fantasmas ésta es Pasión de Bergman, palabra que traduce un determinado estado afectivo de la conciencia, categoría aristotélica que se opone a la acción, a la vez que supone dolor, padecimiento (J.M.Company). Solipsismo hace incognoscible la realidad que le circunda y que precisa de la ayuda de sus actores para abarcarla, dándoles entrada en la diégesis del discurso cinematográfico con la claqueta que indica la toma.
Pasión plantea la posibilidad de que un relato pueda existir cuestionando el yo que lo está enunciando. La voz en off de Bergman irá dando entrada a los personajes a través de los actores, a la vez que los cuatro intermedios en los cuales éstos los describen , cumplen la función diferenciadora relato-discurso. La entrada en escena de los actores no es casual: parte de los más oscuros y opacos, Andreas y Anna y termina con los más livianos, Eva y Elis; cuando hablan monologan sin esperar respuesta alguna; a pesar de los primerísimos planos son presencias enunciadoras sin ninguna intención psicologista.
Bergman realiza un film de extraordinaria complejidad y gran densidad conceptual, que parte de dos presupuestos iniciales: la soledad irremediable en que la sociedad capitalista coloca al individuo, que nunca hasta ahora había adquirido una representación tan revulsiva y la generalización de la violencia en todos los aspectos de la realidad.
Film proustiano en el tratamiento del tiempo, no como un viaje en busca de una infancia feliz sino excarvando en el mapa del alma las heridas y cicatrices que en el discurrir de la vida han ido forjando el hombre que es hoy Andreas y que él mismo revela cuando dice: "He aceptado humillaciones que hoy están dentro de mí"; situaciones y acontecimientos que se sitúan en la extradiégesis del discurso, que se han producido antes ( muerte en accidente del marido e hijo de su amante) o que se producirán después, y que se irán renovando cíclicamente porque los actores no tiene la voluntad de cambiar las condiciones que las favorecen ni las bases de partida. Andreas y Anna reproducirán sus viejos papeles, y harán que cada uno de ellos reproduzcan los de sus anteriores parejas.
El entorno en que se mueven es hostil, una base de guijarros, trozos de tejas rotas de la techumbre que Andreas está arreglando, el bosque, siempre el bosque, un mundo maldito en el que la violencia se ejerce incluso contra los animales y en el que sus habitantes se vengan en el más débil, hacen justicia en el inocente, en una comunidad incomunicada e incomunicable. En este contexto se conocen Andreas y Anna (cuyo anterior marido se llamaba también Andreas) y establecen una relación sin pasión y sin aparente violencia, mentira que al final explotará. Anna se engaña y miente a los demás, aunque el espectador conoce por una carta que Andreas encuentra en su bolso y que la cámara recorre en varias ocasiones en primer plano, que su marido había querido abandonarla porque no podía soportar la violencia psíquica e incluso física instalada en la relación.
La violencia es también un elemento narrativo fundamental, el único vínculo posible de los personajes con el mundo exterior, que funciona como una caja de resonancia de una irracional violencia exterior que ellos han interiorizado."Los horrores de la guerra-ejecución de un guerrillero Vietcong-pierden virulencia al ser tan sólo la imagfen de una retransmisión televisiva. Importa más, en cambio, el pajarillo que se estrella en el cristal de la ventana y que debe ser rematado en una escena cuyo minucioso detallamiento sed hace insoportableal espectador. Los mismos animales objeto de los odios del maniaco incendiario, se convertirán en depositarios de la única ternura posible para Andreas: la especular narcisista" (J.M. Company) .
Las mujeres de Bergman se caracterizan por una parálisis que les impide actuar cuando son humilladas y maltratadas y, perdida la autoestima y el poco orgullo que les queda, aún se arrastran más para conseguir la compasión de su amante. Precisamente lo que más violenta a Andreas, lo que le desarma y le quita las defensas es la solicitud de un perdón que no piensa conceder, y es entonces cuando se revuelve y le escupe una serie de reproches y revelaciones, como la de que conoce el contenido de la carta que escribió su marido, que prueba que es ella la que fracasa con los hombres, y que quería provocar un accidente para matarlo como había matado al otro Andreas. (esquema que repetirá Haneke en La cinta blanca)
Los sueños, cuando aparecen, no redimen, no son reparadores sino que acusan y revuelven el alma de los personajes: Anna sueña que va en una barca a la deriva que le lleva a un lugar en el que se va a ejecutar a un hombre; una mujer, la madre de su difunto marido, le reprochará su muerte.
Como ya sabemos Bergman comienza el relato con el personaje más oscuro, Andreas, excarcelario viudo, y de esta manera la realidad muerde a la ficción: "Max, como actor ¿ Qué opinas de Andras Winkelmann? Max: "Es muy dificil de decir porque intenta ocultarse del mundo. Su matrimonio infeliz y sus problemas legales le han metido en un callejón sin salida donde intenta ocultar su identidad, intenta no expresar ninguna emoción y, sin darse cuenta, su escondite se ha convertido en su prisión. Lo más difìcil para mí como actor es expresar la falta de expresión".
Liv Ulman y Bibi Andersson, centrando la estructura del film, representan dos personajes diametralmente opuestos: Anna, creyente, fracasada, que defiende la verdad, pero que cuando ve que su mundo no encaja, que no consigue la respuesta que está esperando, se refugia en mentiras y engaños ; Eva, medio agnóstica, medio creyente, que conoce su lugar en el mundo y que, aunque piensa que algún día intentará suicidarser, cree que alguien la salvará y podrá recuperar su ego, Los dos Andreas se enamoran de ella. Erland Josephson, que encarna a Elis Vergéreus, cierra el ciclo de las presentaciones con un personaje que es un icono del triunfador cínico que afirma que horrorizarse de la locura de los hombres y buscar la decencia y la justicia es una pérdida de tiempo; el sufrimiento de los demás no le quitará el sueño,











Según Juan Miguel Company es una obra de extraordinaria madurez de Bergman, resumen de las mejores cualkidades del autor. En ella están todos los rasgos que definirán su legado: el miedo a la muerte, a la imposibilidad de un amor duradero y fiel, la falta de respuestas de la religión, la frialdad del individuo solitario, la violencia engendrada en el seno de una sociedad en la que no es posible la comunicación de individuos encerrados en sí mismos,,,
Pone fin a su historia con Andreas dando nerviosos paseos de un lado al otro del encuadre, mientras la cámara inicia un lento zoom de acercamiento y va acotando el terreno del personaje hasta que, reducido, finalmente, a la inmovilidad, el cuerpo de Andreas se confunde primero con los colores rojizos de la tierra y luego con la granulación de la película que se va descomponiendo con su propia imagen, a modo de una exploración engañosa de una profundidad hasta que el zoom desemboca en una superficie plana: la del personaje concebido como una presencia a la vez que una voz anima y que se extingue cuando esa misma voz enmudece: "Esta vez se le llamó Andreas Winkelmann".( J.M. Company) Haneke utiliza el mismo recurso en La cinta blanca, aunque en este caso irá oscureciendo la pantalla hasta quedar totlmente en negro; fuera de campo comienza la guerra mundial.
Esta, como otras películas de Bergman, prueban que no es necesario el canon, pues un artífice de la categoría de nuestro autor sigue siendo el referente de muchos cineastas actuales.

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