diumenge, 14 de novembre de 2010

Adolescentes formados en igualdad.





Edgar Wright ha hecho una película, Scott Pilgrim contra el mundo, indie, con música indie, basada en un cómic de culto del mismo nombre. Todo ello adobado con luchas del género wuxia, videojuegos... que definen a jóvenes que van desde los veinte años, como el protagonista , hasta pasada la treintena, y no falta cierta ironía crítica respecta este tipo de música.

Son jóvenes educados en la tolerancia, probablemente universitarios, aunque solo se les representa por sus hobbies: Scott comparte vivienda, habitación y cama con un gay, sin darle la menor importancia; no beben apenas, ni fuman; son libres sexualmente, y tienen muy clara la línea roja qie no deben cruzar: tener sexo con una menor, al contrario de lo que está ocurriendo con muchos sesudos adultos. La sala estaba llena de estos jóvenes que disfrutaban con las onomatopeyas, propias del cómic, los constantes y bruscos cambios de perspectiva de la cámara, el aceleramiento propio del cómic, los letreros señalando personajes o lugares, y, especialmente con la jerga propia de los juegos: lluvia constante de monedas, regalo de vidas, fases...

Algunos de estos jóvenes trabaja o está pluriempleado, de lo que se informa con fugaces pinceladas; Scott está desempleado y forma parte de una banda 'garaje rock'; se enamora de una joven, de estética punk, que cambia constantemente el color de su pelo y se llama Ramona Flowers.

El film está bien realizado, los efectos especiales acertados y el montaje brusco para alejarlo de la realidad y acercarlo al cómic; las palizas son tremendas, pero todos salen ilesos y sin una gota de sangre. Los espectadores maduros que quieran acercarse a las nuevas generaciones, educadas, formadas, y sin porvenir, tienen una oportunidad; puede que piensen que están desorientados, pero se agradece que no haya un solo gesto, una sola palabra, machista, homófoba o escatológica.





Son unos jóvenes que aún no han entrado en el mundo de los adultos, porque no han conseguido un trabajo remunerado con un sueldo suficiente ( generación NINJA, como les llama Gekko en Wall Street), aunque viven independientes de sus padres.

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