diumenge, 16 de gener de 2011

Sabhia Sumar. El silencio del agua.



El silencio del agua es un film imprescindible de una mujer, Sabiha Sumar, que tuvo la excepcional oportunidad de estudiar en universidades de EE.UU. e Inglaterra, y, desde esta atalaya observar de forma objetiva la situación político-social de su país y hacer un llamamiento al mundo sobre la situación de impotencia y continuos agravios que padecen las mujeres de su país, Pakistan. No sólo se formó en cine, sino también en ciencias políticas, por lo que nos encontramos ante una cineasta que nos da una crónica de la evolución política de India/Pakistán y favorece el acercamiento humano a una zona del mundo que unos idealizan y otros desprecian, pero que pocos conocen.

Sitúa su historia en el momento en que el general Zia-ul-Haq toma el poder en Pakistán e impone la ley marcial, tras asesinar a Ali Butho (1977), padre de Benazir Butho, también asesinada en 2007, ambos del PPP de tendencia socialdemócrata. Flashbacks recurrentes, filmados en blanco y negro, que responden a recuerdos de la protagonista Veero/Ayesha van reconstruyendo un hecho dramatico: en 1947, cuando se creó el estado de Pakistán, con fronteras marcadas con sangre que dividieron las etnias artificialmente; los sijs mataron a sus hijas para evitar que las secuestraran los musulmanes. Algunas no aceptaron el sacrificio y vivieron toda su vida agazapadas entre la multitud y escondiendo sus orígenes.



Kirron Kher, Veero/Ayesha

Salim, hijo único de la viuda Veero/Ayesha, ve frustradas sus esperanzas de una formación superior por falta de recursos , al contrario que la chica de la que está enamorado que va a ir a la Universidad; sólo cuentan con la pensión de viudedad de la madre. Este rencor le va empujando hacia el 'lado oscuro' del resentimiento y lo convierte en presa fácil de los extremistas islámicos, que reclaman la sangre de los jóvenes yihadistas. Veero/Ayesha, mujer feliz que sabe enfrentarse a la vida y aceptar sus condiciones, ve de pronto como todo el edificio vital que le ha costado tanto construir empieza a desmoronarse, y el perder a su hijo, lo único que considera como suyo, le produce un profundo temor. La vuelta de los sijs, no musulmanes y por lo tanto infieles, le trae un nuevo desasosiego: su hermano vuelve a por ella porque el padre, que había intentado matarla, estaba muriendo y la quería ver. Su situación de infiltrada anónima se desvanece y pasa a ser mirada con recelo por la comunidad.





Aamir Malik, Salim

La encrucijada es terrible: por un lado su hijo, al que tanto quiere, es radical-islámico, y la revelación del secreto de su madre lo coloca en una posición de alto riesgo; por otra no debe nada a un padre que ha vivido toda su vida queriendo creer que estaba muerta...No sabe a quien rezar en estos momentos tan trágicos, ni si es Veero, una sij, o Ayesha, una musulmana. Sólo sabe que no quiere ser la causante de la tragedia de su hijo.

Las mujeres de 1947 fueron arrojadas a un pozo, y sus aguas guardaron silencio para siempre; en este país es peligroso expresar cuaquier opinión pues los guardianes de la religión están vigilantes. Incluso es peligroso reir o contar chistes, como hace el barbero; casarse por amor supone un atentado a la cultura islámica y el cine, el vídeo o la televisión son entretenimientos creados por el diablo occidental. Es evidente que Sabhia Sumar se desahogó en Occidente e hizo todo aquello que le estaba vedado en su país: estudiar precisamente cine y ciencias políticas, buscando la libertad de opinión, autorizada, y de expresión. Nadie debe dejar de ver este film.

El film es un drama con ciertos toques de humor e ironía, propios de la persona que conoce su medio y sabe donde debe acentuar la crítica y auqello que simplemente roza la comicidad, como sucede con todas las culturas. Tampoco se ha olvidado de las lapidaciones o de la participación de la mujer en la guerrilla. Otras cineastas como Mira Nair han abierto al mundo la ventana de la India.

Los actores, Kirron Kher, Aamir Malik o Arsad Mahmud, entre otros, representan sus papeles con una dignidad y verosimilitud digna de encomio.



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