Salutacions i bon any a les persones que ens llegiu i que col·laboreu amb nosaltres. La primera aportació que vull fer ve anunciada en el weblog 'Dones en xarxa' que des d'avui enllacem al nostre blog. Sense més la transcric perquè us en serviu.
Us recomanem: Eina informàtica: Intro
Intro és un projecte impulsat per l’Institut Català de les Dones, el Departament d’Acció Social i Ciutadania i la Secretaria de Política Lingüística, i posa a disposició de la ciutadania una nova eina informàtica per analitzar i detectar l’ús sexista o androcèntric del llenguatge.
És un instrument innovador que pretén facilitar i automatitzar el procés de fer una revisió de llenguatge sexista en un text.
A més també detecta els possibles termes sexistes mitjançant una exploració d’arxius, un web o en un correu electrònic.
Creació: Institut Català de les Dones, Departament d’Acció Social i Ciutadania i la Secretaria de Política Lingüística. Descàrrega del programari Intro des del web (Clica ací).
Informació i formació de les polítiques d'igualtat entre la dona i l'home. València
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dilluns, 3 de gener del 2011
dijous, 25 de febrer del 2010
El castellano, una lengua de caballeros. Article de Marcela Lagarde
Un rey, un presidente y tres Premios Nobel renovaron en Zacatecas un pacto juramentado: la castellana o española, es lengua creada por hombres, su norma proviene de un forcejeo entre hombres, y tiene a hombres por hablantes o interlocutores. Es más: pactaron que el castellano es la lengua de un solo sujeto pese a la diversidad nacional y hasta étnica que mencionaron, pero al fin y al cabo la erigieron como la lengua de un único ser simbólico: el hombre. Todos ellos se miran más en el arcaísmo feudal de Don Quijote -rebelde, irracional, arbitrario, autoritario, violento y misógino-, que en la modernidad de Cervantes, crítico subversivo de su lengua y su cultura. Estos caballeros de los poderes político y literario son incapaces de concebir la pluralidad deconstructiva de la fosilización androcéntrica y desconocen la diversidad genérica.
Dice Paz: "Los hombres somos hijos de la palabra. Ella es nuestra creación; también es nuestra creadora; sin ella no seríamos hombres". Si se le cuestionase por su elocuente androcentrismo, quizá respondería que su uso de la palabra hombre no es restrictivo ni excluyente, que abarca también a todas las mujeres. Tal vez afirmaría que al decir ser hombres se refiere al ser de los hombres y las mujeres. Paz podría imaginar que el ser y el existir de mujeres y hombres abarcan especificidades invisibilizadas en la palabra hombre, tan asociada a los hombres concretos, a sus valores, historias, imaginarios y a su dominio especialmente sobre las mujeres. O también incluye una liberación, expresada por hombres, que nos excluye a nosotras y a más y más personas, mujeres y hombres, a quienes nos es difícil reconocer ambos géneros en el singular hombre.
Incontables mujeres construimos desde hace por lo menos dos siglos nuestra identidad de género, marca de nuestra condición humana específica. Al dotar a la palabra mujer de una historia hasta ahora misóginamente silenciada e inferiorizada, la hemos resignificado y la hemos hecho imprescindible en todo discurso abarcador. Es evidente que la condición masculina resulta limitadísima y equívoca para representar y simbolizar a las mujeres; además, el uso generalizador y homogeneizador de hombre viene de la pretensión de entronizar a los varones en cuantas identidades someten a su regencia.
Paz formula además una andrología universal de parentesco: "...somos los padres y los abuelos de otras generaciones que, a través de nosotros, aprenderán el arte de la convivencia humana: saber decir y saber escuchar". Pero cada generación, aunque lo ignore quien también es hijo de mujer, está formada por hijas, madres y abuelas, y nosotras, en la cotidianidad mucho más que los señores, transmitimos la lengua materna y enseñamos a decir, a escuchar, a vivir en nuestra cultura.
Saber decir y saber escuchar requiere mirar a las mujeres y escuchar sus voces que recuerdan a los cancerberos de la lengua que el castellano, a diferencia de otras lenguas, enuncia los géneros e indica si quien existe, nombra, crea, goza, trasciende, es mujer o es hombre; y además, permite saber el número que expresa colectividades genéricas: las mujeres, los hombres.
El hombre universal no es una construcción lingüística sino filosófica y política, con la que se subsume la categoría mujer en la categoría hombre, y se desaparecen todos sus contenidos de especificidad humana. Se construye en la historia, en las mitologías, las religiones, a través de las políticas de dominio y sus ideologías cotidianas. Los procesos que traicionan la pluralidad del castellano se nombran en esta lengua cultura patriarcal. No nos identificamos con ella; por eso con la a, con las otras formas del femenino y con la evocación de lo femenino, hacemos referencia a nuestro género. Si lo hiciera el Premio Nobel en su enumeración de los hablantes de la lengua, habría también una argentina, una chilena, una mexicana (en vez de un argentino, un chileno, un
mexicano...).
mexicano...).
Nuestra lengua contiene hace por lo menos mil y un años ambos géneros y los traía consigo desde un mínimo de otros mil años atrás. Es preciso tenerlo presente porque, en efecto, "la lengua es el signo mayor de nuestra condición humana", que es condición femenina tanto como condición masculina.
La lengua expresa las tradiciones patriarcales de quienes la hablan, y su expresión se concatena con la lógica de la jerarquización del pensamiento y los valores. De esta manera, los recuerdos de los hombres de cultura patriarcal se estructuran igual que su discurso: por ejemplo, su amor por la palabra, afirma Paz, nació al oír hablar a su abuelo y cantar a su madre. Aunque seguramente primero oyó su lengua materna de voz de su madre, fundante de su condición humana pero desplazada como tal en el relato.
Tal vez García Márquez suscriba la iniciativa feminista de que devuélvanos a la lengua castellana el esplendor esdrújulo y la elocuencia democrática de sus géneros. Y también la de que eliminemos, con lo que comparte con muramos de siniestro, lo que de devastador, funesto y perverso tiene el término hombre cuando, en lengua patriarcal, suplanta en singular a cada una de los millones de mujeres y a cada uno de los millones de hombres en su diversidad.
Los usos misóginos del léxico y de la gramática pretenden, en efecto, simplificarnos y simplificar las palabras y sus contenidos. Hay pues que humanizar las hablas, las conciencias, los imaginarios, las relaciones y todo lo que la lengua expresa, al reconocer a las mujeres y a los hombres, a las niñas y a los niños, a los viejos y a las viejas, a las humanas y a los humanos, aunque nos tardemos con las frases más largas. Porque para las mujeres, humana es la más bella palabra de nuestra lengua.
Estas nuevas botellas arrojadas a la mar anhelan seducir a quienes, mujeres y hombres, desean que la equidad también alcance al verbo de la gente, no al de los dioses y jerarcas. Una nueva convivencia, concordante con la historia vivida por millones y acorde con el fin de una era y el inicio simbólico del tercer milenio, exige la decisión de dejar de transmitir una filosofía que violenta al castellano y mutila a la humanidad. Y también la de incorporar a nuestra lengua la marca de este tiempo, y la de realizar el anhelo feminista de construir un mundo de igualdad entre mujeres y hombres, un mundo incluyente en que la diversidad sea riqueza vital y lingüística.
Remontar el siglo y el milenio mediante la crítica patriarcal será menos difícil para las mujeres y para los hombres que existimos y somos, en castellano pleno, femenino y masculino.
La transformación lingüística convocada por la reflexión feminista confluye con la caducidad del pacto de caballeros andantes obstinados en excluir quijotesca y señorialmente a las mujeres. Otros pactos de humanas y humanos emergen cada día en la gran diversidad del castellano, como emergen en maya y en francés, en quechua y en sueco, en chino y en inglés, en las miles de hablas del mundo.
Las lenguas se fortalecen cuando, cambiando siempre, expresan la heterogénea multiplicidad de experiencias de sus hablantes, más aún si son más quienes la leen y la escriben. Pueden, en cambio, debilitarse y desaparecer si se imponen en ellas normas y usos que no concuerdan con las aspiraciones, las necesidades y los deseos de las mujeres y los hombres que viven, piensan y sienten a través de sus propias hablas.
Guía rápida para un lenguaje no sexista [PDF]
- Marcela Lagarde es etnóloga; doctora en Antropología; profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; coordinadora de los Talleres Casandra de Antropología Feminista; asesora de diversos organismos internacionales y de organizaciones de mujeres de América Latina y de España; autora del libro «Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas», Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1990, y de múltiples trabajos de investigación sobre la condición de la mujer y la situación de las mujeres, así como sobre política y género.
dilluns, 4 de gener del 2010
Definicions dels mots home i dona segons la RAE
Durant la 1a avaluació vaig fer un curs anomenat Coeducació: dos sexes en un sol món. Vaig aprendre moltíssimes coses que al llarg del curs les aniré posant en pràctica a les meues classes. El motiu d´aquest comentari és que una de les primeres activitats tractava de buscar el significat de la paraula "home" i "dona"(hombre i mujer) segons el diccionari de la RAE. I he de dir-vos que vaig quedar impressionada per l´androcentrisme que encara existeix en aquest diccionari. A continuació us pose el treball elaborat per mi.
Està redactat en castellà perquè el curs l´organitzava el CNICE. Us anime des d´ací que el feu. Queda oberta la matrícula de nou a partir del 8 de gener fins el 22 a la pàgina del CNICE.
Sinceramente con algunas definiciones o acepciones de la palabra “hombre” me he quedado sin palabras. Hasta el momento tenía claro que un hombre era un ser animado racional, pero de ahí a ser:
-individuo que tiene las cualidades consideradas varoniles per excelencia, como el valor y la firmeza. ¿Puede ser esto verdad? O sea, ¿es que las mujeres no tenemos valor?, y qué podemos decir de la firmeza?: ¿educamos a nuestros/as hijos/as, alumnos/as sin firmeza? Y por otro lado, qué pasa cuando un chico no tiene el valor por ejemplo para sincerarse con un amigo y decirle qué le pasa, ¿no se considera un hombre?
-coloquialmente también llamado marido: esta acepción no la entiendo. Puesto que llamamos marido al hombre que se une en matrimonio con una mujer. ¿Podemos llamar a todos los hombres coloquialmente maridos? ¿cuántos “maridos” podemos tener?
-hombre de a pie: pluralidad de personas (aquí la RAE engloba dentro de la palabra “hombre” a una pluralidad de personas) en cuanto representativas de las opiniones y gustos de la mayoría. Personalmente opino que siendo tan rico como es nuestro lenguaje, para qué decir “hombre de a pie” si podemos utilizar la expresión: la mayoría está de acuerdo en..., no está de acuerdo en..., opina que... pero con la palabra MAYORÍA.
-hombre de la bolsa o hombre del saco: creo que a todos nos han contado este cuento cuando éramos pequeños y pequeñas. Se trataba de un hombre al que nadie habíamos visto pero todos/as le temíamos.
-hombre público: el que tiene presencia e influjo en la vida social. Esta definición es muy correcta pero tendría que ser la misma para la mujer pública. ¿Por qué un cambio de género conlleva un significado diferente?
-ser alguien poco hombre: como no podía ser de otra manera, la definición de hombre siempre lleva asociadas las ideas de peligro, fuerza, respeto, valor, dureza, firmeza, corpulencia, maestría... Por tanto, ser poco hombre es “ser un cobarde”. De este modo, ser –poco mujer- querrá decir ¿ser hombre?
A continuación y después de leer el significado y las acepciones del término mujer, observo:
-el diccionario de la RAE distingue entre una mujer (edad adulta o pubertada) y niña. Realmente me parece correcto.
-tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¿Cuáles son estas? Quiere decir esto que todas las mujeres han de tener “cualidades femeninas”. Realmente aquí la RAE debería especificar un poco más esas cualidades y definir cómo algunas mujeres pueden poseer cualidades femeninas como...
-mujer casada: con el hombre existen dos palabras para distinguir el casado que es “marido” pero la mujer continua siendo igualmente nombrada como tal tanto si es casada como soltera.
-mujer de digo y hago: mujer fuerte, resuelta y osada. Qué pasa?, ¿que hay mujeres que no dicen nada?, o ¿continuamos con el tópico que la mujer habla mucho pero no hace nada? ¿Puede ser esto posible? ¿No hay hombres de digo y hago? Me ha parecido que no.
-mujer del arte: en teoría si un hombre de campo es aquel a quien le gusta la cacería; una mujer del arte debería ser aquella a quien le gusta ir a los museos y disfrutar del arte. ¡Pues NO! A medida que voy haciendo este ejercicio me sube la cólera por momentos.
-mujer del partido o mujer del punto: prostituta. ¿Son necesarias tantas acepciones para referirse a una misma realidad? Si la finalidad del lenguaje es que sea claro e informativo, por qué no llamar a las cosas por su nombre: mujer prostituta es aquella que ejerce como trabajo su cuerpo; hombre prostituto es aquel que se gana la vida trabajando con su cuerpo.
-mujer perdida o mujer pública: continuamos con dos acepciones más referidas a mujeres prostitutas. Yo entiendo que si se llama a una mujer perdida es porqué no encuentra el sitio hacia donde se dirigía.
-mujer fatal: esta acepción tampoco aparece para el hombre. Aunque el diccionario de la RAE especifica que se refiere principalmente a personajes de ficción, sobre todo de cine, y a las actrices (aquí les falta "y actores") que los representan.
Estas han sido a mi entender algunas de las rectificaciones o malas expresiones que la RAE tendría que modificar. También aparecen otras que realmente ya guardan el mismo significado para el hombre y la mujer (buena mujer y buen hombre; de mujer a mujer y de hombre a hombre; pobre mujer y pobre hombre...)
-individuo que tiene las cualidades consideradas varoniles per excelencia, como el valor y la firmeza. ¿Puede ser esto verdad? O sea, ¿es que las mujeres no tenemos valor?, y qué podemos decir de la firmeza?: ¿educamos a nuestros/as hijos/as, alumnos/as sin firmeza? Y por otro lado, qué pasa cuando un chico no tiene el valor por ejemplo para sincerarse con un amigo y decirle qué le pasa, ¿no se considera un hombre?
-coloquialmente también llamado marido: esta acepción no la entiendo. Puesto que llamamos marido al hombre que se une en matrimonio con una mujer. ¿Podemos llamar a todos los hombres coloquialmente maridos? ¿cuántos “maridos” podemos tener?
-hombre de a pie: pluralidad de personas (aquí la RAE engloba dentro de la palabra “hombre” a una pluralidad de personas) en cuanto representativas de las opiniones y gustos de la mayoría. Personalmente opino que siendo tan rico como es nuestro lenguaje, para qué decir “hombre de a pie” si podemos utilizar la expresión: la mayoría está de acuerdo en..., no está de acuerdo en..., opina que... pero con la palabra MAYORÍA.
-hombre de la bolsa o hombre del saco: creo que a todos nos han contado este cuento cuando éramos pequeños y pequeñas. Se trataba de un hombre al que nadie habíamos visto pero todos/as le temíamos.
-hombre público: el que tiene presencia e influjo en la vida social. Esta definición es muy correcta pero tendría que ser la misma para la mujer pública. ¿Por qué un cambio de género conlleva un significado diferente?
-ser alguien poco hombre: como no podía ser de otra manera, la definición de hombre siempre lleva asociadas las ideas de peligro, fuerza, respeto, valor, dureza, firmeza, corpulencia, maestría... Por tanto, ser poco hombre es “ser un cobarde”. De este modo, ser –poco mujer- querrá decir ¿ser hombre?
A continuación y después de leer el significado y las acepciones del término mujer, observo:
-el diccionario de la RAE distingue entre una mujer (edad adulta o pubertada) y niña. Realmente me parece correcto.
-tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¿Cuáles son estas? Quiere decir esto que todas las mujeres han de tener “cualidades femeninas”. Realmente aquí la RAE debería especificar un poco más esas cualidades y definir cómo algunas mujeres pueden poseer cualidades femeninas como...
-mujer casada: con el hombre existen dos palabras para distinguir el casado que es “marido” pero la mujer continua siendo igualmente nombrada como tal tanto si es casada como soltera.
-mujer de digo y hago: mujer fuerte, resuelta y osada. Qué pasa?, ¿que hay mujeres que no dicen nada?, o ¿continuamos con el tópico que la mujer habla mucho pero no hace nada? ¿Puede ser esto posible? ¿No hay hombres de digo y hago? Me ha parecido que no.
-mujer del arte: en teoría si un hombre de campo es aquel a quien le gusta la cacería; una mujer del arte debería ser aquella a quien le gusta ir a los museos y disfrutar del arte. ¡Pues NO! A medida que voy haciendo este ejercicio me sube la cólera por momentos.
-mujer del partido o mujer del punto: prostituta. ¿Son necesarias tantas acepciones para referirse a una misma realidad? Si la finalidad del lenguaje es que sea claro e informativo, por qué no llamar a las cosas por su nombre: mujer prostituta es aquella que ejerce como trabajo su cuerpo; hombre prostituto es aquel que se gana la vida trabajando con su cuerpo.
-mujer perdida o mujer pública: continuamos con dos acepciones más referidas a mujeres prostitutas. Yo entiendo que si se llama a una mujer perdida es porqué no encuentra el sitio hacia donde se dirigía.
-mujer fatal: esta acepción tampoco aparece para el hombre. Aunque el diccionario de la RAE especifica que se refiere principalmente a personajes de ficción, sobre todo de cine, y a las actrices (aquí les falta "y actores") que los representan.
Estas han sido a mi entender algunas de las rectificaciones o malas expresiones que la RAE tendría que modificar. También aparecen otras que realmente ya guardan el mismo significado para el hombre y la mujer (buena mujer y buen hombre; de mujer a mujer y de hombre a hombre; pobre mujer y pobre hombre...)
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