dijous, 22 d’abril del 2010

Mujeres Tarantino


Vuelve Caiga quien caiga dirigido por tres mujeres, a la cadena del grupo Prisa. No podemos opinar todavía sobre formas y contenidos.


Ni las monjas podrían ponerse el velo


Según la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ni las monjas podrían cubrirse la cabeza si las normas del centro lo impiden, lo mismo que no se puede acudir al centro con bikini, si se da la misma circunstancia.

¿Es constitucional el uso del hiyab en España?


Estamos ante un problema que no es nuevo en otro países europeos, como Francia, con larga tradición multicultural. El Preisdente de la Federación Musulmana de España, Yusuf Fernandez, amenaza con llevar el caso de Najwa al Tribunal Constitucional, al considerar que el Instituto Camilo José Cela incurre en un "claro caso de islamofobia".

Evidentemente el estado francés lo tiene más claro que el nuestro, porque su enseñanza es laica, pero en España (estado aconfesional) se defiende el derecho de los padres de escoger una enseñanza religiosa para sus hijos, y aquí no se produce ningún problema; Najwa es española y no se puede aducir, como hacen muchos, que el que vine de fuera debe respetar nuestras costumbres, puesto que ha nacido aquí pero profesa un credo diferente al mayoritario. La transición dejó muchos flecos, como venimos observando.

La Ministra de Igualdad y otras políticas españolas se han manifestado en contra del uso del velo; el prestigioso Samir Amin, el martes, en el programa de la tarde de Gema Nierga, lo describió como un símbolo del sometimiento de la mujer y contó que ya en la década de los veinte del siglo pasado, una mujer musulmana, cuando abandonaba su país tiró el hiyab al agua.

El asunto es complicado, pero las mujeres luchamos por nuestro tránsito por la vida con comodidad, abandonamos tacones, sombreros ( la moda no logra imponerlos), faldas de tubo, etc. Y no se comprende, si no es por razones culturales, que una mujer se encuentre cómoda llevando siempre la cabeza cubierta, incluso cuando aprieta la canícula.





La maternidad en Roma


Hace muchos años tuve la oportunidad de escuchar en Valencia al insigne historiador francés Pierre Vilar y dijo algo que quedó muy grabado en mi mente adolescente: la gente siempre tiende a pensar que las cosas han sido siempre igual a como las vive en su momento. El propio ser humano tiende a olvidar los enormes sacrificios que muchos otros hombres y mujeres han tenido que realizar para ir conquistando, muy poco a poco, espacios de libertad.

La mujer romana no sólo no tenía nombre que la identificara como ser individual, sino que se la llamaba por el nombre de su gens, o familia en el sentido más amplio; si en una casa nacían varias niñas, recibían el distintivo de maior, minor, tertia...Además siempre estaban sometidas a la patria potestas del padre, marido o hijo, aunque algunas de ellas ejercieran en la sombra un extraordinario poder sobre los hombres de su entorno, pero eran casos muy excepcionales. Ya hemos dicho en otro lugar que en los espectáculos ocupaban lugares señalados para ellas, junto con otro grupos de marginados sociales, lo cual conocieron nuestros alumn@s en su reciente visita a la ciudad eterna.

En una primitiva división del trabajo, los hombres eran productores, cazadores, y las mujeres se dedicaban al cuidado del hogar y la familia, por lo que se les atribuye la invención de la agricultura o la cerámica, grandes hitos en el progreso humano. Pero, no nos hagamos muchas ilusiones, hoy sigue existiendo esa gran división y son muy pocas las mujeres que se sientan en los Consejos de Administración de la grandes empresas, y sólo en el ámbito oficial con gobiernos de signo progresista se alcanzan altos grados de paridad, sobre todo en los puestos más vistosos.

Cuenta la leyenda que los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, eran hijos de una Vestal., que se salvó de una muerte atroz diciendo que el padre de los niños era el dios Marte. Las vestales eran sacerdotisas encargadas de vigilar el fuego sagrado de Roma y velar por los testamentos de los romanos, por lo que debían permanecer vírgenes hasta los treinta años, ya que se supone que no debían distraerse con coqueteos, lo que no inpedía a los hombres ganar batallas, competir en el cursus honorum y un largo etcétera. Titus Livius en su magna obra Ab urbe condita (Liber I) cuenta esta leyenda, pero manteniéndose escéptico comenta que es posible que la mujer que los crió fuera una prostituta, que en Roma llamaban lobas.

Pero una de las situaciones más crueles que debía superar una mujer romana era que fuera su marido quien decidiera la suerte que debía correr su pequeño vástago al nacer.Fernando Lillo Redonet (Un salmantino en Roma. Ediciones Clásicas. Madrid 1992) narra de forma muy amena, para alumnos de enseñanza secundaria este hecho:

"Antes te hablaré del nacimiento de Porcius. Entre los romanos es una desgracia no tener descendencia y cuando se da esta circunstancia en familias de alta alcurnia, lo más normal es que se adopte a un niño. Este no es el caso de mi familia anfitriona. Ya sabes que el nacimiento no significa gran cosa para la familia: el momento cumbre se produce cuando el padre reconoce a su hijo levantándolo del suelo (pater tollit infantem). Desde ese momento se compromete a criarlo y educarlo.

No todos los padres reconocen a sus hijos: en ese caso los exponían, esto es, los abandonaban a su suerte. Existe en Roma la columna lactaria, donde se dejan abandonados muchos niños. Algunos son recogidos y criados para más tarde ser explotados."

De ahi viene el nombre de Expósito que se da a los niños abandonados, de los que no se conoce el nombre de los padres. Así pues, volviendo al principio, no siempre es un hecho alegre la maternidad, sino una auténtica desgracia para la mujer, que es separada de sus hijos y marginada por unos principios morales que eximen al hombre de toda responsabilidad. Hoy, en 1910, hay quien sigue viendo a la madre soltera como una apestada. (Se aconseja buscar el programa "De buena ley" celebrado hace muy poco en TV5 ).

dimecres, 21 d’abril del 2010

Preparant el 23 d'abril: diada del llibre

Acabe de tornar de la 41 Fira del Llibre de València situada als Jardins del Reial (o de Vivers), com es fa els darrers anys. Hi havia poc ambient aquesta vesprada, segon dia de fira. La idea de traure anualment el llibre al carrer és una manera de convidar la gent a participar de les presentacions massives de novetats editorials, de conéixer els autors i les autores valencianes i forasteres, una forma més barata d'accedir als títols que volíem comprar fa temps i durant aquestes dues setmanes ho podrem fer mentre passegem i ens prenem un refresc en aquest escenari relaxant. El 10% de descompte ja paga la pena en aquesta època de crisi persistent.
Doncs, a més de la Fira, aquest divendres 23 d'abril se celebra la diada de Sant Jordi, una tradició que va introduir el regal d'un llibre i d'una rosa a Catalunya i Aragó anys abans de la implantanció internacional com a jornada del llibre i dels drets d'autor. La presentació que he incrustat més avall ens explica l'origen de la celebració i repassa alguns noms d'escriptores valencianes, mallorquines i catalanes que han escrit i escriuen formidablement en la nostra llengua i sobre tots els gèneres literaris. El professor Francesc Gascó, que ja ens va cedir el power point del 8 de març, ens regala ara la seua forma de celebrar en clau femenina la festa de Sant Jordi.
Sense oblidar la rosa, per què no ens acostem a conéixer alguna d'aquestes autores i ens delitem amb un llibre seu? Pot ser un gran descobriment. Ja ens ho conteu.